Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo tampoco debo ni un beso de cortesía,
yo tampoco fío amores en un bar,
yo tampoco le hago caso a las bujías
de este motor que se empezó a cansar.
Yo tampoco merodeo por los valles donde habitas,
yo tampoco escucho tu conversación,
yo tampoco grito "basta" cuando esta vida
insiste en llamarte "amante" en mi corazón.
Y sin embargo, puede ser que un día cualquiera
te invite a pasear junto al tonto corazón
que aquí te espera
y que se asusta al no verte en el rincón.
Yo tampoco cargo con epitafios en mi conciencia,
yo tampoco robo besos sin querer,
yo tampoco cabalgo siempre a la cabeza
ni tiro balas al aire por miedo a no vencer.
Tampoco yo tengo vía libre al infierno,
tampoco yo padezco de ansiedad,
tampoco quiero que me abandonen los besos
que guardo en la memoria y no se van.
Tampoco yo lucho contra la digna ley del deseo
tampoco yo, tampoco yo escondo lo que digo,
tampoco yo me guardo las palabras que debo
y si me gusta una mujer, se lo escribo.
Y sin embargo y al final de cuentas
tampoco yo cedo el paso, voy detrás del tiempo,
yo tampoco cuento los pliegues de una falda
aunque siempre hago el intento.
yo tampoco fío amores en un bar,
yo tampoco le hago caso a las bujías
de este motor que se empezó a cansar.
Yo tampoco merodeo por los valles donde habitas,
yo tampoco escucho tu conversación,
yo tampoco grito "basta" cuando esta vida
insiste en llamarte "amante" en mi corazón.
Y sin embargo, puede ser que un día cualquiera
te invite a pasear junto al tonto corazón
que aquí te espera
y que se asusta al no verte en el rincón.
Yo tampoco cargo con epitafios en mi conciencia,
yo tampoco robo besos sin querer,
yo tampoco cabalgo siempre a la cabeza
ni tiro balas al aire por miedo a no vencer.
Tampoco yo tengo vía libre al infierno,
tampoco yo padezco de ansiedad,
tampoco quiero que me abandonen los besos
que guardo en la memoria y no se van.
Tampoco yo lucho contra la digna ley del deseo
tampoco yo, tampoco yo escondo lo que digo,
tampoco yo me guardo las palabras que debo
y si me gusta una mujer, se lo escribo.
Y sin embargo y al final de cuentas
tampoco yo cedo el paso, voy detrás del tiempo,
yo tampoco cuento los pliegues de una falda
aunque siempre hago el intento.