La tarde se hace tarde
y hay pájaros que marchan
por un sueño invisible.
Nos alertan sus trinos.
Son mapas en el aire,
son vuelos con urgencia.
Canciones que vuelan de la tinta.
Sonrisas que habitan los paisajes.
Miradas que amoldan los latidos.
Risas locas.
Un invierno distinto
se nos filtra en el alma.
Una vida colmada
que emerge de un delirio.
La tarde se hace tarde en las veredas.
Se queda.
Reposando.
Armoniosa y espléndida.
Una sala de espera.
Un aula enrojecida.
Unas manos amadas.
Y sin saber porqué:
La tarde se ha hecho tarde esperando.
Desnudándose el sol de la tormenta.
A veces parece que llegaras
y que el viento eres tú
sin las cadenas.
Esperando una cita.
Una tarde.
Una llovizna que pasó.
Y parece que es tiempo.
A veces.
A veces lo parece.
¿Quién será pues
la eterna mariposa de este cuento,
el color del jardín,
la presencia esperada?
Hay una voz
en el invierno ardiente.
De voces y de brisas
se hicieron las mañanas.
Late un sabor sagrado
desfilando ventanas y momentos.
Un tiempo de rodillas.
Una luz al costado.
Me llaman y te llamo.
Me nombran y no entiendo.
La tarde se hace tarde
y no sabemos más
que andar a tientas, encandilados...
Anda volando un beso sin imagen.
No hace falta saberte para ser.
Para sernos.
La tarde se hace tarde
y yo me quedo,
y el grito del silencio
me acompaña velando.
No hace falta saber en esta carne
las gotas de un amor hecho rocío.
Nunca sabré tu nombre en esta celda.
Nunca sabré la eternidad de las mañanas.
Nunca sabré las letras que te escribo.
y hay pájaros que marchan
por un sueño invisible.
Nos alertan sus trinos.
Son mapas en el aire,
son vuelos con urgencia.
Canciones que vuelan de la tinta.
Sonrisas que habitan los paisajes.
Miradas que amoldan los latidos.
Risas locas.
Un invierno distinto
se nos filtra en el alma.
Una vida colmada
que emerge de un delirio.
La tarde se hace tarde en las veredas.
Se queda.
Reposando.
Armoniosa y espléndida.
Una sala de espera.
Un aula enrojecida.
Unas manos amadas.
Y sin saber porqué:
La tarde se ha hecho tarde esperando.
Desnudándose el sol de la tormenta.
A veces parece que llegaras
y que el viento eres tú
sin las cadenas.
Esperando una cita.
Una tarde.
Una llovizna que pasó.
Y parece que es tiempo.
A veces.
A veces lo parece.
¿Quién será pues
la eterna mariposa de este cuento,
el color del jardín,
la presencia esperada?
Hay una voz
en el invierno ardiente.
De voces y de brisas
se hicieron las mañanas.
Late un sabor sagrado
desfilando ventanas y momentos.
Un tiempo de rodillas.
Una luz al costado.
Me llaman y te llamo.
Me nombran y no entiendo.
La tarde se hace tarde
y no sabemos más
que andar a tientas, encandilados...
Anda volando un beso sin imagen.
No hace falta saberte para ser.
Para sernos.
La tarde se hace tarde
y yo me quedo,
y el grito del silencio
me acompaña velando.
No hace falta saber en esta carne
las gotas de un amor hecho rocío.
Nunca sabré tu nombre en esta celda.
Nunca sabré la eternidad de las mañanas.
Nunca sabré las letras que te escribo.
Última edición: