pometeo
Poeta fiel al portal
Auscultando el reflejo a los cristales
logre escuchar un tonto resbalón
de gotas que aspiraban fulgurantes
brillos de un instante y apagón.
Como uvas a punto de licuarse,
transparentes brillos de pulso titilante,
temblaban temerosas un instante
conocedoras de su próxima ablución.
Al momento tornábanse incorpóreas,
mareadas de ver el precipicio,
Se corrían pausadas, acuarela,
hasta romperse frente a la peana.
Salpicabanme entonces,
y me daban en la frente
Como si no estuviera delante
el cristal de la ventana.
Nítidos recuerdos de una sombra
al abrigo de un tórrido verano,
de los días, de las lunas,
de las miles de centellas de Murano.
De los ritmos al calor de la chicharra.
De hartarnos de amarnos por las noches,
De perdernos debajo del embozo.
De la tardes de lluvia y en el coche.
De la luz que se escapaba de tu risa.
Del blanco radiante de tu tanga.
De aquel cine con sabor a despedida
con aromas a veneno de naranja.
logre escuchar un tonto resbalón
de gotas que aspiraban fulgurantes
brillos de un instante y apagón.
Como uvas a punto de licuarse,
transparentes brillos de pulso titilante,
temblaban temerosas un instante
conocedoras de su próxima ablución.
Al momento tornábanse incorpóreas,
mareadas de ver el precipicio,
Se corrían pausadas, acuarela,
hasta romperse frente a la peana.
Salpicabanme entonces,
y me daban en la frente
Como si no estuviera delante
el cristal de la ventana.
Nítidos recuerdos de una sombra
al abrigo de un tórrido verano,
de los días, de las lunas,
de las miles de centellas de Murano.
De los ritmos al calor de la chicharra.
De hartarnos de amarnos por las noches,
De perdernos debajo del embozo.
De la tardes de lluvia y en el coche.
De la luz que se escapaba de tu risa.
Del blanco radiante de tu tanga.
De aquel cine con sabor a despedida
con aromas a veneno de naranja.
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