G. Sarmiento
Poeta asiduo al portal
Se te perdió aquel beso
que tanto me negaste.
Se extravió el instante
que tanto prometí.
Se nos hicieron viejos
los encuentros fugaces,
y en silencio murieron
con todo por decir.
Allí quedaron tendidos,
sobre fría escarcha.
Allí, la hora callada
y el yerto sentir.
Allí, la cruz en la tierra
y la sal de unas lágrimas…
Pero la honda tristeza,
solamente en mí.
Se te perdió aquel beso
que tanto me negaste.
Se extravió el instante
que tanto prometí.
Se marchitó esa flor
que nunca regalaste.
Y muerto entre mis brazos,
un amor que no di.
Allí quedaron tendidos,
sobre fría escarcha.
Allí, la hora callada
y el yerto sentir.
Allí, la cruz en la tierra
y la blanca mortaja.
Pero llorando conmigo,
las tardes de abril.
G.S.A.
que tanto me negaste.
Se extravió el instante
que tanto prometí.
Se nos hicieron viejos
los encuentros fugaces,
y en silencio murieron
con todo por decir.
Allí quedaron tendidos,
sobre fría escarcha.
Allí, la hora callada
y el yerto sentir.
Allí, la cruz en la tierra
y la sal de unas lágrimas…
Pero la honda tristeza,
solamente en mí.
Se te perdió aquel beso
que tanto me negaste.
Se extravió el instante
que tanto prometí.
Se marchitó esa flor
que nunca regalaste.
Y muerto entre mis brazos,
un amor que no di.
Allí quedaron tendidos,
sobre fría escarcha.
Allí, la hora callada
y el yerto sentir.
Allí, la cruz en la tierra
y la blanca mortaja.
Pero llorando conmigo,
las tardes de abril.
G.S.A.
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