Te ahogo en mi silencio
que se hace unos día más agresivo
y otros más manso como
los enfermos a punto de morir.
Te suplico que no te vayas,
que no me dejes,
y tu mirada es más grave
que el dolor de mis suspiros
sin fondo ni vacilación.
Me hinco, clavo mis rodillas
en la grava ardiente de
mi remordimiento,
de mis lamentos,
y la agonía de no ser lo
suficientemente fuerte
para dar la media vuelta
y alcanzar el cenit del sol
junto al cenit de mi vida.
Me hago viejo,
me hago cada vez más tonto
y el hambre de saber que
no me detendré supera cualquier
cosa que se haya hecho más alta
y más grande en un universo
creado para gigantes con fuerza
y valor.
Beso el suelo,
abrazo el cielo,
y al final sé que estoy extraviado
en las olas de una marea
que tiene por nombre el querer
ser.
que se hace unos día más agresivo
y otros más manso como
los enfermos a punto de morir.
Te suplico que no te vayas,
que no me dejes,
y tu mirada es más grave
que el dolor de mis suspiros
sin fondo ni vacilación.
Me hinco, clavo mis rodillas
en la grava ardiente de
mi remordimiento,
de mis lamentos,
y la agonía de no ser lo
suficientemente fuerte
para dar la media vuelta
y alcanzar el cenit del sol
junto al cenit de mi vida.
Me hago viejo,
me hago cada vez más tonto
y el hambre de saber que
no me detendré supera cualquier
cosa que se haya hecho más alta
y más grande en un universo
creado para gigantes con fuerza
y valor.
Beso el suelo,
abrazo el cielo,
y al final sé que estoy extraviado
en las olas de una marea
que tiene por nombre el querer
ser.