espinasyabrojos
Poeta fiel al portal
Té de Savia
El palo de savia estaba al lado
del de las guayabas.
Las parchas colgaban de sus manos
extendidas hacia esa otra nada donde
soñé que volaba agarrado a la cabellera
del falcón real Azteca, mi gran amigo
y estudiante chiapaneco, Gonzalo, veintitrés años
antes de que sucediera.
Asi me sanaban
mis Orishas que aún no conocía.
Nadaba solo en las aguas termales
de mi nada. Por eso mis tías tumbaron
el árbol de savia. No era un amarre
de amor
ni estaba viajando en peyote.
Era calmar mis nervios lo que buscaba
en sueños. Esos fueron mis viaje astrales.
Mis visita al Rio Grande de Loiza persiguiendola
a ella, mi unicornio indigo.
El palo de savia estaba al lado
del de las guayabas.
Las parchas colgaban de sus manos
extendidas hacia esa otra nada donde
soñé que volaba agarrado a la cabellera
del falcón real Azteca, mi gran amigo
y estudiante chiapaneco, Gonzalo, veintitrés años
antes de que sucediera.
Asi me sanaban
mis Orishas que aún no conocía.
Nadaba solo en las aguas termales
de mi nada. Por eso mis tías tumbaron
el árbol de savia. No era un amarre
de amor
ni estaba viajando en peyote.
Era calmar mis nervios lo que buscaba
en sueños. Esos fueron mis viaje astrales.
Mis visita al Rio Grande de Loiza persiguiendola
a ella, mi unicornio indigo.
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