Te desposo con un brazalete de plata,
con uno que lleve tus iniciales
para que no te desvanezcas
que en esta noche no te me pierdas
e ilusamente no palidezcas.
Mira que he ofrendado retamas a los cielos
y en los caminos, velas mortecinas han retoñado.
Te doy un poema en donde te inspire a llegar,
donde te guíe hasta mí y mi esencia te cubra;
uno en donde la estela de mi cadencia no te turbe.
Mira que la luna está conspirando para que no te desveles...
mira que los cielos han despejado sus nubes entre claveles.
Hace frío, la garúa no palidece, no se estremece
los templos están cerrados, las estancias desterradas
la garúa se envilece, sombras me pasan, susurros me invocan
y mis ojos se derriten de solo pensar que no llegarás
Los senderos se abren de par en par
y en los linderos se allanan cintos ámbar.
Hace mucho frío, sabes que detesto esperar y muero de soledad; tiritan mis manos porque mis linajes no me calman... lagunas se tornan mares que se desbordan ante mi asombro
y mis labios se aridecen de solo pensar que no vendrás
Mira que mi pecho a cerrado enigmáticos avernos sólo por ti,
y en mi lecho se han acentuado reinos huraños sólo para ti.
Hace mas frío que hace ratos, que ayer, que siempre.
Abrazo tu recuerdo en mi regazo, retomo tórridas miradas tuyas
miradas y palabras airadas del tono de tu apuricmeña voz
y mi alma se quebranta, se hace polvo y luego cenizas que el viento arrastra, que la lluvia toma y suma lodales eriales de sólo saber que no estarás
Mira que he suplicado a mis divinades entre poemas por tu venida,
mira que me sumido a las indecencias de mis enemigos solo por tu vida.
No ha desfallecido el invierno y el otoño ya se hace apreciar,
pues pulcras hojas caen en los mantos de estas veredas húmedas alineando entre alboradas como por arte de hechizos tu imagen,
y mientras más se van añejando, más se van dejando al cálido de tu vientre, más se van tentando a las lumbreras que perecen, a las lunas que se enmudecen, las cuales indómitas guarecen, se alejan y se estremecen, se cobijan y se enaltecen, no solo de tu hechura, no solo de tu gracia o tu decencia, si no a la claridad límpida de tu sonrisa, al carmesí de tu mejillas ruborizadas, a lo esbelto de tus líneas, a la inocencia de tus cabellos noches
©Copyright todos los derechos reservados
© Obra protegida por derechos de autor
Con licencia para adaptar y reeditar
con uno que lleve tus iniciales
para que no te desvanezcas
que en esta noche no te me pierdas
e ilusamente no palidezcas.
Mira que he ofrendado retamas a los cielos
y en los caminos, velas mortecinas han retoñado.
Te doy un poema en donde te inspire a llegar,
donde te guíe hasta mí y mi esencia te cubra;
uno en donde la estela de mi cadencia no te turbe.
Mira que la luna está conspirando para que no te desveles...
mira que los cielos han despejado sus nubes entre claveles.
Hace frío, la garúa no palidece, no se estremece
los templos están cerrados, las estancias desterradas
la garúa se envilece, sombras me pasan, susurros me invocan
y mis ojos se derriten de solo pensar que no llegarás
Los senderos se abren de par en par
y en los linderos se allanan cintos ámbar.
Hace mucho frío, sabes que detesto esperar y muero de soledad; tiritan mis manos porque mis linajes no me calman... lagunas se tornan mares que se desbordan ante mi asombro
y mis labios se aridecen de solo pensar que no vendrás
Mira que mi pecho a cerrado enigmáticos avernos sólo por ti,
y en mi lecho se han acentuado reinos huraños sólo para ti.
Hace mas frío que hace ratos, que ayer, que siempre.
Abrazo tu recuerdo en mi regazo, retomo tórridas miradas tuyas
miradas y palabras airadas del tono de tu apuricmeña voz
y mi alma se quebranta, se hace polvo y luego cenizas que el viento arrastra, que la lluvia toma y suma lodales eriales de sólo saber que no estarás
Mira que he suplicado a mis divinades entre poemas por tu venida,
mira que me sumido a las indecencias de mis enemigos solo por tu vida.
No ha desfallecido el invierno y el otoño ya se hace apreciar,
pues pulcras hojas caen en los mantos de estas veredas húmedas alineando entre alboradas como por arte de hechizos tu imagen,
y mientras más se van añejando, más se van dejando al cálido de tu vientre, más se van tentando a las lumbreras que perecen, a las lunas que se enmudecen, las cuales indómitas guarecen, se alejan y se estremecen, se cobijan y se enaltecen, no solo de tu hechura, no solo de tu gracia o tu decencia, si no a la claridad límpida de tu sonrisa, al carmesí de tu mejillas ruborizadas, a lo esbelto de tus líneas, a la inocencia de tus cabellos noches
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