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Te desvisto con mis ojos

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Te desvisto con mis ojos,
como si cada prenda fuera un secreto
que merece ser arrancado con paciencia.
No hay pudor en mi mirada,
solo el hambre de encontrar en tu piel
la respuesta a todos los poemas que no he escrito.

Te desvisto lento,
como quien deshoja margaritas
sin miedo al final del juego.
Te vuelves un paisaje sin límites,
un horizonte donde la luna descansa
y el sol se atreve a quedarse un poco más.

No importa lo que lleves puesto,
si es seda, algodón, o el peso del día.
Te desvisto más allá de la carne,
de las fronteras del cuerpo.
Te dejo desnudo en el alma,
allí donde tus miedos se hacen pequeños
y tus sueños se alzan gigantes.

Te desvisto con mis ojos
porque no sé tocarte con las manos,
porque el deseo tiene su idioma
y en este momento mi lengua son mis pupilas.
Es un despojo sagrado,
un acto de fe en que debajo de todo
solo queda lo eterno:
tú.

Y me quedo allí, frente a ti,
desnudo también,
sin más prendas que las palabras
que caen como hojas en otoño,
formando un refugio para este amor impúdico.
 
Te desvisto con mis ojos,
como si cada prenda fuera un secreto
que merece ser arrancado con paciencia.
No hay pudor en mi mirada,
solo el hambre de encontrar en tu piel
la respuesta a todos los poemas que no he escrito.

Te desvisto lento,
como quien deshoja margaritas
sin miedo al final del juego.
Te vuelves un paisaje sin límites,
un horizonte donde la luna descansa
y el sol se atreve a quedarse un poco más.

No importa lo que lleves puesto,
si es seda, algodón, o el peso del día.
Te desvisto más allá de la carne,
de las fronteras del cuerpo.
Te dejo desnudo en el alma,
allí donde tus miedos se hacen pequeños
y tus sueños se alzan gigantes.

Te desvisto con mis ojos
porque no sé tocarte con las manos,
porque el deseo tiene su idioma
y en este momento mi lengua son mis pupilas.
Es un despojo sagrado,
un acto de fe en que debajo de todo
solo queda lo eterno:
tú.

Y me quedo allí, frente a ti,
desnudo también,
sin más prendas que las palabras
que caen como hojas en otoño,
formando un refugio para este amor impúdico.
Una poesía cargada de amor y sensualidad.

Como una mariposa en tú jardín,
pero impúdico y sin miedo,
si tu quieres, si me lo pides,
yo puedo.


Siempre es un honor recorrer su espacio.

Y que llegue mi abrazo y saludos hasta nuestra hermana PR.
 
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