elias peñuela
Poeta recién llegado
Cuantos litros de tu sangre
necesito para ahogar
mi tristeza.
Bastaría uno solo,
pero no puedo verle morir,
así lo quiera.
Hilvanaste mis horas
con materiales inquebrantables.
Son grisáceas y gélidas como
el invierno.
Arden, porque el frío quema
y hace crujir por dentro.
Afuera,
vieras las gotas juntarse,
enamoradas unas de otras.
Quisiera fumar cada metro
que nos separa,
prefiero intoxicarme
que sentir desvanecerte.
Son las seis y nueve minutos del día martes.
No pensé extrañarte así,
con locura;
tampoco imaginé conocer tu silencio.
necesito para ahogar
mi tristeza.
Bastaría uno solo,
pero no puedo verle morir,
así lo quiera.
Hilvanaste mis horas
con materiales inquebrantables.
Son grisáceas y gélidas como
el invierno.
Arden, porque el frío quema
y hace crujir por dentro.
Afuera,
vieras las gotas juntarse,
enamoradas unas de otras.
Quisiera fumar cada metro
que nos separa,
prefiero intoxicarme
que sentir desvanecerte.
Son las seis y nueve minutos del día martes.
No pensé extrañarte así,
con locura;
tampoco imaginé conocer tu silencio.