Porfirio Mayo
Poeta recién llegado
Extraño que llegaras y te sentaras conmigo.
Extraño que llegaras, me saludaras y me contaras tus cosas.
Extraño que me sonrieras, que me preguntaras.
¿Cómo has estado?¿Cómo te ha ido? Qué has hecho?
Extraño cualquier palabra tuya.
Extraño que llegaras y te sentaras conmigo.
Que fuéramos los dos callados.
Que no nos dijéremos nada.
En silencio los dos.
Pero allí sentados, juntos.
Juntitos.
Extraño que los demás miraran,
Entre asombrados y divertidos.
Entre un dejo de envidia y celos.
Entre comentarios dolosos, insidiosos y casi ofensivos.
Aunque al final, ya estaban adaptándose y ya se animaban
A preguntar.
A preguntarme si andabas conmigo.
Si ya éramos parejas, si ya éramos amantes.
Fue por esos días en que sentí, que algo raro había en el ambiente.
Que algo incomodo nos alcanzaba.
Que partirías un día de pronto.
Que ya no te vería nunca más.
Pero no le di la más mínima importancia.
Ahora a la distancia, sin darme cuenta, me empiezo a desesperar
Y a ponerme triste, y termino pensando que debimos hablar.
Que debimos…que debí haberte dicho mucho, mucho más.
Que te necesito, que necesito mirarte, escucharte, tenerte cerca.
Que te necesito mucho, muchísimo más.
Que debí haberte dicho que aguantaras, que resistieras.
Que no fueras cobarde, que hiciéramos frente a las presiones.
Juntos, los dos, pero… decirte eso en ese tiempo…
Me parecía, y aún ahora me parece tan patético y degradante,
Que jamás me habría atrevido a pedírtelo, a decírtelo, a sugerírtelo.
En fin, esta historia sin complicaciones, termino.
Debo decirte sin embargo, que, estoy triste, muy triste.
Que me siento solo, muy solo.
Que me siento mal, muy mal.
Que te extraño.
Debo decirte también, que tengo muchas; muchísimas ganas de llorar.
¿Y sebes qué?...lloro.
Extraño que llegaras, me saludaras y me contaras tus cosas.
Extraño que me sonrieras, que me preguntaras.
¿Cómo has estado?¿Cómo te ha ido? Qué has hecho?
Extraño cualquier palabra tuya.
Extraño que llegaras y te sentaras conmigo.
Que fuéramos los dos callados.
Que no nos dijéremos nada.
En silencio los dos.
Pero allí sentados, juntos.
Juntitos.
Extraño que los demás miraran,
Entre asombrados y divertidos.
Entre un dejo de envidia y celos.
Entre comentarios dolosos, insidiosos y casi ofensivos.
Aunque al final, ya estaban adaptándose y ya se animaban
A preguntar.
A preguntarme si andabas conmigo.
Si ya éramos parejas, si ya éramos amantes.
Fue por esos días en que sentí, que algo raro había en el ambiente.
Que algo incomodo nos alcanzaba.
Que partirías un día de pronto.
Que ya no te vería nunca más.
Pero no le di la más mínima importancia.
Ahora a la distancia, sin darme cuenta, me empiezo a desesperar
Y a ponerme triste, y termino pensando que debimos hablar.
Que debimos…que debí haberte dicho mucho, mucho más.
Que te necesito, que necesito mirarte, escucharte, tenerte cerca.
Que te necesito mucho, muchísimo más.
Que debí haberte dicho que aguantaras, que resistieras.
Que no fueras cobarde, que hiciéramos frente a las presiones.
Juntos, los dos, pero… decirte eso en ese tiempo…
Me parecía, y aún ahora me parece tan patético y degradante,
Que jamás me habría atrevido a pedírtelo, a decírtelo, a sugerírtelo.
En fin, esta historia sin complicaciones, termino.
Debo decirte sin embargo, que, estoy triste, muy triste.
Que me siento solo, muy solo.
Que me siento mal, muy mal.
Que te extraño.
Debo decirte también, que tengo muchas; muchísimas ganas de llorar.
¿Y sebes qué?...lloro.
Última edición: