Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te fuiste de mi territorio de piel cubierto
y alma penetrable.
Nada supo mi sombra recostada
cuando llevaste el transito velado de la luz y tus aromas.
Las coronas arteras de mi corazón
conservaron los idénticos vidrios rotos
de un espejo con memoria.
Te fuiste amor...
Llevando en tu pelo rastros de mi muerte en letanía.
Me dejaste la voz muda del silencio inerte
mientras tu palabra alejada en eco
huía con tu imagen de antiguo rapto,
-secuestro de mi tibia corteza-
dejándome el espeso beso volátil de recuerdo
vagando la ribera del frío viento interno.
Aún aguardo amor...
Entre taciturno, estrafalario y paciente,
el sonoro llegar de tu paso de retorno
con tu silueta de llanto a mi regreso de esperanto.
y alma penetrable.
Nada supo mi sombra recostada
cuando llevaste el transito velado de la luz y tus aromas.
Las coronas arteras de mi corazón
conservaron los idénticos vidrios rotos
de un espejo con memoria.
Te fuiste amor...
Llevando en tu pelo rastros de mi muerte en letanía.
Me dejaste la voz muda del silencio inerte
mientras tu palabra alejada en eco
huía con tu imagen de antiguo rapto,
-secuestro de mi tibia corteza-
dejándome el espeso beso volátil de recuerdo
vagando la ribera del frío viento interno.
Aún aguardo amor...
Entre taciturno, estrafalario y paciente,
el sonoro llegar de tu paso de retorno
con tu silueta de llanto a mi regreso de esperanto.