Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
A orillas del arrollo, de ese asombro de verano, sauce y totora,
te vi todo desnudo, mágico escultural hermoso e inocente,
bendita la imagen, del sol sobre tu espalda, fuerte y ancha, aquella hora,
que todas las horas mueren, sobre la piel de tu cintura turgente.
Vuelvo día a día, cada hora, cada tarde a la orilla del espejo,
ansioso por encontrar, la virtuosa forma de tu cuerpo desnudo,
pero aquel primer día, no me devuelve, la visión de tu reflejo
y aquel sortilegio de varón , milagro o varón se mantuvo mudo.
A veces te he visto caminar alto y gallardo, del pueblo la calle,
el torso descubierto, triangular y en cruz la remera a la cintura
y entonces mi mirar, me deja revelado, a medida de tu talle ,
en el ahogo majestuoso, de la sombra inmortal de tu figura.
Salgo de madrugada a caminar, la estación del pueblo hasta tú casa
y te he visto otra vez, cruzar el jardín, que lleva a los pies de tu puerta,
el pueblo nunca me perdono arder así en esta llama que me abrasa
al ir detrás de ti , desesperado por amarte en mi muerte incierta .
Y te he visto con ella, pasar hacia la escuela, donde van tus hijos
y te he visto feliz, vanidoso , de la vida que a tu lado lleva
y he sentido celo, sin poder gritar mi amor al cielo que te elijo,
siempre mi deseado Adán sabiendo que jamás, podre yo ser tu Eva.
te vi todo desnudo, mágico escultural hermoso e inocente,
bendita la imagen, del sol sobre tu espalda, fuerte y ancha, aquella hora,
que todas las horas mueren, sobre la piel de tu cintura turgente.
Vuelvo día a día, cada hora, cada tarde a la orilla del espejo,
ansioso por encontrar, la virtuosa forma de tu cuerpo desnudo,
pero aquel primer día, no me devuelve, la visión de tu reflejo
y aquel sortilegio de varón , milagro o varón se mantuvo mudo.
A veces te he visto caminar alto y gallardo, del pueblo la calle,
el torso descubierto, triangular y en cruz la remera a la cintura
y entonces mi mirar, me deja revelado, a medida de tu talle ,
en el ahogo majestuoso, de la sombra inmortal de tu figura.
Salgo de madrugada a caminar, la estación del pueblo hasta tú casa
y te he visto otra vez, cruzar el jardín, que lleva a los pies de tu puerta,
el pueblo nunca me perdono arder así en esta llama que me abrasa
al ir detrás de ti , desesperado por amarte en mi muerte incierta .
Y te he visto con ella, pasar hacia la escuela, donde van tus hijos
y te he visto feliz, vanidoso , de la vida que a tu lado lleva
y he sentido celo, sin poder gritar mi amor al cielo que te elijo,
siempre mi deseado Adán sabiendo que jamás, podre yo ser tu Eva.
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