Ricardo Llamosas
Poeta recién llegado
La vi mañana, intuyendo ella estuviera
depositando en un taburete su presencia,
poco hostil en sus ademanes, pensé
abordable a un hombre educado
pero decidida en su exquisito femenino.
Tenía un perfil silencioso
poco habitual a la sorpresa invadiéndola,
sereno también, y bello hasta incomodar,
aunque simpático desde su distancia.
Luego se incendió mi mundo
articuló ella palabra cortés, apenas
las gracias al servicio cafetero,
suficiente voz con matices de garganta diosa
a mí llegada, para romperme esclavo,
para bailarme corazón con su eco misterioso.
Después observé sus maneras,
los interminables dedos hurgando en bolso pecunio,
el juego de su barbilla en pequeños mohines naturales,
otra vez el timbre de su laringe solícita
urgiendo atable al camarero cobrase servicio…
Seguido se arrellana en la silla,
ahueca algo el cuerpo con entrañable demora femenina
y, levanta cuello en curiosidad de cercanía confortable.
Juro ante Dios poso su mirada como al caer en mi
y afirmo me regaló sonrisa apenas perceptible,
pero que me hizo surcos el corazón.
La vi mañana y… me muero si no acudo.
depositando en un taburete su presencia,
poco hostil en sus ademanes, pensé
abordable a un hombre educado
pero decidida en su exquisito femenino.
Tenía un perfil silencioso
poco habitual a la sorpresa invadiéndola,
sereno también, y bello hasta incomodar,
aunque simpático desde su distancia.
Luego se incendió mi mundo
articuló ella palabra cortés, apenas
las gracias al servicio cafetero,
suficiente voz con matices de garganta diosa
a mí llegada, para romperme esclavo,
para bailarme corazón con su eco misterioso.
Después observé sus maneras,
los interminables dedos hurgando en bolso pecunio,
el juego de su barbilla en pequeños mohines naturales,
otra vez el timbre de su laringe solícita
urgiendo atable al camarero cobrase servicio…
Seguido se arrellana en la silla,
ahueca algo el cuerpo con entrañable demora femenina
y, levanta cuello en curiosidad de cercanía confortable.
Juro ante Dios poso su mirada como al caer en mi
y afirmo me regaló sonrisa apenas perceptible,
pero que me hizo surcos el corazón.
La vi mañana y… me muero si no acudo.