No sé la verdad, no sé si la sigo queriendo o ya no. Dicha verdad se me escabulle como un fantasma en los días de soledad y pesadumbre. Pasaron algunos años, y yo, la sigo extrañando. A veces, cuando camino por la calle solo, me imagino seguir sus pasos, y en una calle vacía, donde sólo cabemos los dos, por fin reencontrarnos. Cómo no recordar su sonrisa cómplice que antaño teñía mis momentos de suma alegría y felicidad. Ay!... cómo fuiste capaz de haberme abandonado sin ninguna razón suficiente y despedirte siquiera. Lo bueno de todo es que sentí tu peculiar forma de ofrecerme tu querer. En fin, de nuestra forma curiosa de habernos querido, sin formalismos ni compromisos. Ya mi corazón dejó de llorarte y no te reclama con insistencia, aunque a veces, la nostalgia tramposa lo aflige. La verdad es que te llevo en el corazón y ahí estarás.