Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te lo dije sin decirlo,
con el temblor en las manos
y la rabia bien guardada en el pecho.
Te lo dije,
porque verte caminar hacia él
era como verte correr descalza sobre vidrios rotos.
Te lo dije con la mirada,
con el silencio incómodo
cuando mencionabas su nombre.
No es para ti,
te lo dije,
aunque tú solo escuchabas
mis palabras disfrazadas de nada.
Él no sabe que tu risa
es un idioma que merece traducción,
que tus ojos tienen la profundidad
de quien ha amado hasta sangrar.
Él no sabe que tus cicatrices
no son trofeos para lucir,
sino mapas que guían a quien merece quedarse.
Te lo dije,
aunque sé que las palabras no cambian el deseo,
que el corazón a veces se encapricha
y llama amor a cualquier sombra.
Te lo dije,
porque tú eres fuego
y él solo tiene manos de papel.
Te lo dije,
porque no quiero verte llorar
la lluvia que aún no llega.
Porque no quiero ser el que te consuele
cuando caigas en el abismo
que ahora parece un cielo.
Te lo dije,
no para que me escuches,
sino para que recuerdes,
cuando el tiempo te enseñe
que no todo lo que brilla
es un hogar.
Y cuando vuelvas,
con los ojos cansados
y las manos vacías,
te lo diré otra vez,
pero con un abrazo:
"No merecías menos que el universo,
y yo siempre lo supe".
con el temblor en las manos
y la rabia bien guardada en el pecho.
Te lo dije,
porque verte caminar hacia él
era como verte correr descalza sobre vidrios rotos.
Te lo dije con la mirada,
con el silencio incómodo
cuando mencionabas su nombre.
No es para ti,
te lo dije,
aunque tú solo escuchabas
mis palabras disfrazadas de nada.
Él no sabe que tu risa
es un idioma que merece traducción,
que tus ojos tienen la profundidad
de quien ha amado hasta sangrar.
Él no sabe que tus cicatrices
no son trofeos para lucir,
sino mapas que guían a quien merece quedarse.
Te lo dije,
aunque sé que las palabras no cambian el deseo,
que el corazón a veces se encapricha
y llama amor a cualquier sombra.
Te lo dije,
porque tú eres fuego
y él solo tiene manos de papel.
Te lo dije,
porque no quiero verte llorar
la lluvia que aún no llega.
Porque no quiero ser el que te consuele
cuando caigas en el abismo
que ahora parece un cielo.
Te lo dije,
no para que me escuches,
sino para que recuerdes,
cuando el tiempo te enseñe
que no todo lo que brilla
es un hogar.
Y cuando vuelvas,
con los ojos cansados
y las manos vacías,
te lo diré otra vez,
pero con un abrazo:
"No merecías menos que el universo,
y yo siempre lo supe".
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