Javi C.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace poco, y al mismo tiempo
tanto momento,
vi, posada, sobre una mesa de la antesala
de un lugar de quietud serena
una tarjeta que encontré, o tal vez,
ya me esperaba;
leyendo su nombre en letra impresa
por impulso de llamada misteriosa,
sentí, sería mi aliada,
conocí, sin ver, sin conocer,
a un alma gemela,
germinó una amistad total,
genuina, única, verdadera.
Una gran mujer me esperaba, ya,
en su puerta,
pareciera conocernos
desde tiempos pasados, eternos.
Hablándonos con la mirada,
abrazándonos con sonrisas,
comisuras de cómplices labios,
se dibujó la amistad en nuestros corazones,
floreció la semilla sembrada
por la unicidad de la nada.
Desde entonces creo en los hados,
en amor no buscado y encontrado,
corazones conectados
por amistad que nació, o tal vez ya existía,
como el universo,
el tiempo sin fin, sin comienzo:
anverso y reverso de la misma moneda,
la unicidad de toda la existencia.
A mi amiga Goyi, una de las pocas personas que me llaman, no Javi, sino Javier.
tanto momento,
vi, posada, sobre una mesa de la antesala
de un lugar de quietud serena
una tarjeta que encontré, o tal vez,
ya me esperaba;
leyendo su nombre en letra impresa
por impulso de llamada misteriosa,
sentí, sería mi aliada,
conocí, sin ver, sin conocer,
a un alma gemela,
germinó una amistad total,
genuina, única, verdadera.
Una gran mujer me esperaba, ya,
en su puerta,
pareciera conocernos
desde tiempos pasados, eternos.
Hablándonos con la mirada,
abrazándonos con sonrisas,
comisuras de cómplices labios,
se dibujó la amistad en nuestros corazones,
floreció la semilla sembrada
por la unicidad de la nada.
Desde entonces creo en los hados,
en amor no buscado y encontrado,
corazones conectados
por amistad que nació, o tal vez ya existía,
como el universo,
el tiempo sin fin, sin comienzo:
anverso y reverso de la misma moneda,
la unicidad de toda la existencia.
A mi amiga Goyi, una de las pocas personas que me llaman, no Javi, sino Javier.