coral
Una dama muy querida en esta casa.
Con el viento viajarán
las arenas del desierto,
el polvo que cubre los techos
de las catedrales
y las nubes, se harán pesadas con mi llanto.
¿Serán nubarrones nefastos?
¿Serán mariposas disecadas en los cuadros?
¿Serán las tristezas del ocaso?
¿Será quizás incólume mi pecado
Por no llorar tu partida a cada instante?
Y es que te siento en apacible sueño
con la sonrisa adornando tus mejillas,
con la ternura de una madre y criatura preferida
de aquel quien te acompañó desde la cuna.
No sé si me ves donde te encuentras,
pero te siento a mi lado
con una paz postrera
¡Mi dolor es porque te fuiste de esta tierra!
sin haberte brindado mi caricia tierna
y mi alegría, mi alegría, es por saberte descansando,
brillante, vaporosa, flotando en mil auroras,
entre jardines llenos de perfumes y de rosas,
donde nunca morirá la primavera.
Serás suspiro plácido
entre manantiales cristalinos
entre mil cánticos divinos,
donde ya no existirán los sacrificios,
ni crueles desengaños,
¡ni el grito amargo de los vivos!
En tu pecho ya no se esconderá tu llanto
viendo un mundo lleno de pecados,
no sentirás la soledad obligada,
porque allí allí donde comienza el cielo,
mil ángeles te estarán acompañando
en el camino que te conduce hacia el Rey del universo.
¡Te siento placida! y es por esto
¡ que entre las nubes se quedará mi llanto amargo!
Prudencia Arenas
Coral.
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