poetakabik
Poeta veterano en el portal
Te vas… y en la penumbra se quebranta
la voz callada de mi corazón;
se apaga el sol, la brisa se levanta,
y tiembla el aire con tu negación.
Te vas… y siento el alma desprendida,
como hoja que del árbol se deshizo,
y en su caída, rota y dolorida,
no encuentra suelo, ni dolor mellizo.
Te vas… y queda en mí tu sombra impresa,
como la huella débil de un cristal;
tan frágil es, y a la vez tan espesa,
que hiere al verla, leve y elemental.
Te vas… y con tu adiós mi casa muere,
sus muros tiemblan, la ventana llora,
y en cada estancia tu recuerdo hiere
la claridad ausente de la aurora.
Te vas… y mi camino se oscurece,
se alarga el horizonte en su negrura,
y el aire de mi pecho se adormece,
cayendo prisionero en su amargura.
Te vas… y aunque me queden tus memorias,
tus cartas, tus suspiros, tus enojos,
no sirven ya, pues son difusas glorias
que se disuelven, ciegas, en mis ojos.
Te vas… y me condeno a la tristeza,
a convivir con sombra y con vacío,
a ser la soledad que se tropieza
con el dolor callado de su frío.
Y yo me quedo aquí, donde la calma
no vuelve, donde el eco se me apaga,
y solo guardo, roto, en pobre palma,
el rastro de tu amor… que nada embarga.
la voz callada de mi corazón;
se apaga el sol, la brisa se levanta,
y tiembla el aire con tu negación.
Te vas… y siento el alma desprendida,
como hoja que del árbol se deshizo,
y en su caída, rota y dolorida,
no encuentra suelo, ni dolor mellizo.
Te vas… y queda en mí tu sombra impresa,
como la huella débil de un cristal;
tan frágil es, y a la vez tan espesa,
que hiere al verla, leve y elemental.
Te vas… y con tu adiós mi casa muere,
sus muros tiemblan, la ventana llora,
y en cada estancia tu recuerdo hiere
la claridad ausente de la aurora.
Te vas… y mi camino se oscurece,
se alarga el horizonte en su negrura,
y el aire de mi pecho se adormece,
cayendo prisionero en su amargura.
Te vas… y aunque me queden tus memorias,
tus cartas, tus suspiros, tus enojos,
no sirven ya, pues son difusas glorias
que se disuelven, ciegas, en mis ojos.
Te vas… y me condeno a la tristeza,
a convivir con sombra y con vacío,
a ser la soledad que se tropieza
con el dolor callado de su frío.
Y yo me quedo aquí, donde la calma
no vuelve, donde el eco se me apaga,
y solo guardo, roto, en pobre palma,
el rastro de tu amor… que nada embarga.