susoermida
Poeta recién llegado
Hoy te vi.
Te vi en la penumbra de mis sueños.
Te reconocí en los duermevelas de mis letargos.
Allí estabas majestuosa, llena de metales
que yo debería socavar.
Llena de espadas que me adormecen y cortan
las atmosferas de mi deseo.
Te vi.
En mis sueños reconocí tu figura imposible.
En medio de aquellas nubes despertaste
las redes de mi búsqueda y en medio de los vapores
del sueño me sobrecogí temblando sobre fiebres
que inundaban mi casa y mi duermevela.
Allí, en medio de lo que se supone es vida olvidada o recuerdo apremiante
estabas sobre mi rompiendo los músculos de mi vida.
Te vi como un sol multiplicado.
Con una caricia cierta que despertaba en mi
todos los celos de guerrero rendido.
La mañana llegó junto con el despertar
y al abrir los ojos se acumularon ante mi carteros .
Epístolas. Mensajes sin destino. Crujían en mi memoria
recuerdos que en su lúgubre silencio me hacian daño.
Anduve solitario sobre las arenas desiertas de mi sentir
y te busqué sobre la fuerza trémula de lo imposible.
Abrí mis ojos para intentar entender que la longitud de mi sueño
no era imposible y que estabas cerca de mis manos.
Llegó el día y la realidad me llevó al follaje profundo de lo necesario.
Circulé la esencia de la verdad y el ocaso del olvido del sueño
me devolvió a la realidad de éste clima que vivo entre oscuros sentires.
Pero ahora. Siempre ahora. Me pregunto donde estas.
Me pregunto quien eres y que melancolía hace que no aparezcas.
Quien eres es la pregunta que viene inmediatamente después de quien soy.
Por qué. Por qué tardas tanto que mis besos se llenan de óxidos olvidados
y se acumulan lo días sin ti en un triste balanceo de sueños desventurados.
Te vi en la penumbra de mis sueños.
Te reconocí en los duermevelas de mis letargos.
Allí estabas majestuosa, llena de metales
que yo debería socavar.
Llena de espadas que me adormecen y cortan
las atmosferas de mi deseo.
Te vi.
En mis sueños reconocí tu figura imposible.
En medio de aquellas nubes despertaste
las redes de mi búsqueda y en medio de los vapores
del sueño me sobrecogí temblando sobre fiebres
que inundaban mi casa y mi duermevela.
Allí, en medio de lo que se supone es vida olvidada o recuerdo apremiante
estabas sobre mi rompiendo los músculos de mi vida.
Te vi como un sol multiplicado.
Con una caricia cierta que despertaba en mi
todos los celos de guerrero rendido.
La mañana llegó junto con el despertar
y al abrir los ojos se acumularon ante mi carteros .
Epístolas. Mensajes sin destino. Crujían en mi memoria
recuerdos que en su lúgubre silencio me hacian daño.
Anduve solitario sobre las arenas desiertas de mi sentir
y te busqué sobre la fuerza trémula de lo imposible.
Abrí mis ojos para intentar entender que la longitud de mi sueño
no era imposible y que estabas cerca de mis manos.
Llegó el día y la realidad me llevó al follaje profundo de lo necesario.
Circulé la esencia de la verdad y el ocaso del olvido del sueño
me devolvió a la realidad de éste clima que vivo entre oscuros sentires.
Pero ahora. Siempre ahora. Me pregunto donde estas.
Me pregunto quien eres y que melancolía hace que no aparezcas.
Quien eres es la pregunta que viene inmediatamente después de quien soy.
Por qué. Por qué tardas tanto que mis besos se llenan de óxidos olvidados
y se acumulan lo días sin ti en un triste balanceo de sueños desventurados.
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