Es la hora en que un hombre
se culpa a sí mismo por
haber sido otro.
Y el corazón se le cierra
con todo un tango dentro.
Frente a un entonces que
acaba en moscas,
y nada más se oye andar
a su sombra.
Qué será de su relámpago
nacido del sigilo,
y de su indignado corazón
parecido a su garganta.
Cóleras de apasionado tuvo,
también una larga, oblonga,
inanición. Mientras aquel día,
en la farmacia de sus sueños,
un ángel expió.
Está mirándose al pie de una
plegaria, en un brusco
invierno, decorado por versos
gélidos y amarillos.
¡Ay de su teléfono!
¡Ay de su cinema!
¡Ay de su nombre que duerme
bocabajo sobre la mesa!
¡Ay de sus cucharas que
no tienen honor!
¡Ay de su cigarro bajo la lluvia
y de su pan con estrellas!
Mientras repercute un tanto en
sus esfuerzos y obra un loro
en sus tristezas.
se culpa a sí mismo por
haber sido otro.
Y el corazón se le cierra
con todo un tango dentro.
Frente a un entonces que
acaba en moscas,
y nada más se oye andar
a su sombra.
Qué será de su relámpago
nacido del sigilo,
y de su indignado corazón
parecido a su garganta.
Cóleras de apasionado tuvo,
también una larga, oblonga,
inanición. Mientras aquel día,
en la farmacia de sus sueños,
un ángel expió.
Está mirándose al pie de una
plegaria, en un brusco
invierno, decorado por versos
gélidos y amarillos.
¡Ay de su teléfono!
¡Ay de su cinema!
¡Ay de su nombre que duerme
bocabajo sobre la mesa!
¡Ay de sus cucharas que
no tienen honor!
¡Ay de su cigarro bajo la lluvia
y de su pan con estrellas!
Mientras repercute un tanto en
sus esfuerzos y obra un loro
en sus tristezas.