Marvic
Poeta recién llegado
Repican las campanas del deseo
en las entrañas del pudor y la lujuria,
trastoca con su perspicacia
la carne débil al placer efímero.
Caricias ebrias se aferran a la barandilla
de la moral, temerosas de lo impuro
(arrojan lo prohibido al mundo acusador)
Vierte vino de los labios sedientos,
ansiosos por saciar la locura frenética del éxtasis.
Embriaga las manos sutiles,
extingue la mirada, agobiada por la pasión
que sofoca, solloza la respiración.
Apetito de la piel a la intemperie
de la seducción llameante, irresistible.
¡Tambalea la cordura! ¡Tiembla el corazón!
Contienda de la tímida luz de la decencia
con las espléndidas sombras del amor
y la delicia del pecado.
en las entrañas del pudor y la lujuria,
trastoca con su perspicacia
la carne débil al placer efímero.
Caricias ebrias se aferran a la barandilla
de la moral, temerosas de lo impuro
(arrojan lo prohibido al mundo acusador)
Vierte vino de los labios sedientos,
ansiosos por saciar la locura frenética del éxtasis.
Embriaga las manos sutiles,
extingue la mirada, agobiada por la pasión
que sofoca, solloza la respiración.
Apetito de la piel a la intemperie
de la seducción llameante, irresistible.
¡Tambalea la cordura! ¡Tiembla el corazón!
Contienda de la tímida luz de la decencia
con las espléndidas sombras del amor
y la delicia del pecado.