Karen Gajda
Poeta adicto al portal
Al padre y su hijo
La ternura que habita en tus manos
fluye suave como un río por mi cuerpo,
cubre mi piel, mi alma, todo mi ser,
llega a la sangre, y el soplo de tu calor me envuelve.
Cual sierpes hermosas deslizan tus finos dedos
el arco de mi vientre, hacen que tiemble
como el respiro de una flor mañanera
en espera de las ternezas que regalan.
Canela sobre porcelana, dueto cariñoso
en el juego de colores, se pierden en el instante,
hasta que despierta el pequeño
milagro que enriquece nuestras vidas.
Un movimiento deja detenerte por un momento,
tímido toque, como devolviendo tus caricias,
pajarito tierno que extiende sus alas.
para volar en los brazos abiertos.
La ternura que habita en tus manos
fluye suave como un río por mi cuerpo,
cubre mi piel, mi alma, todo mi ser,
llega a la sangre, y el soplo de tu calor me envuelve.
Cual sierpes hermosas deslizan tus finos dedos
el arco de mi vientre, hacen que tiemble
como el respiro de una flor mañanera
en espera de las ternezas que regalan.
Canela sobre porcelana, dueto cariñoso
en el juego de colores, se pierden en el instante,
hasta que despierta el pequeño
milagro que enriquece nuestras vidas.
Un movimiento deja detenerte por un momento,
tímido toque, como devolviendo tus caricias,
pajarito tierno que extiende sus alas.
para volar en los brazos abiertos.