PANYU DAMAC
Poeta asiduo al portal
De tanto utilizar el oro entrañado en el recurso
terminaré aruñando al sol,
despachurrando el luminoso cuerpo del gusano
para alimentar el hundimiento de una noche
con el desparramado fosforescente de su sangre.
Guardaré orugas de colores peligrosos
en la piel de mis bolsillos.
Apilaré cientos de miles de conchas vacías,
y me cuidaré de las líneas
que como hojillas de luz resbalan la belleza.
Seré de la tierra,
a cambio de correr saludable
por el borde donde agua y el cielo
entretejen la hebra del capullo,
la mimética seda que protege al vivo fuego.
Empeñado en empuñar la claridad
clarearé el índigo que cuelga de las estrellas moribundas,
y con mis ojos afilados en la contemplación inequívoca
de uno y otro amanecer
pasaré la mano por el frente...
Rojos, naranjas, verdes desencarcelados,
amarillos desrielados,
fluirán intermitentemente del seno de mañana,
que es del todo hoy.
Y así como hoy,
apresurado por arrellanarme mitigadoramente
bajo el oquedal que sobrevivió al invierno,
dar a la ternura arrancando pétalos de sal
de la nieve cobijada en las memorias
de algún vientre o de algún cuerpo.
Y así como ayer,
cambiando el entroncamiento de todo,
de todo lo que no vale la pena añadir con pensamientos,
por un asalto meticuloso
que lleve esta sensación a sentirse en un momento.
terminaré aruñando al sol,
despachurrando el luminoso cuerpo del gusano
para alimentar el hundimiento de una noche
con el desparramado fosforescente de su sangre.
Guardaré orugas de colores peligrosos
en la piel de mis bolsillos.
Apilaré cientos de miles de conchas vacías,
y me cuidaré de las líneas
que como hojillas de luz resbalan la belleza.
Seré de la tierra,
a cambio de correr saludable
por el borde donde agua y el cielo
entretejen la hebra del capullo,
la mimética seda que protege al vivo fuego.
Empeñado en empuñar la claridad
clarearé el índigo que cuelga de las estrellas moribundas,
y con mis ojos afilados en la contemplación inequívoca
de uno y otro amanecer
pasaré la mano por el frente...
Rojos, naranjas, verdes desencarcelados,
amarillos desrielados,
fluirán intermitentemente del seno de mañana,
que es del todo hoy.
Y así como hoy,
apresurado por arrellanarme mitigadoramente
bajo el oquedal que sobrevivió al invierno,
dar a la ternura arrancando pétalos de sal
de la nieve cobijada en las memorias
de algún vientre o de algún cuerpo.
Y así como ayer,
cambiando el entroncamiento de todo,
de todo lo que no vale la pena añadir con pensamientos,
por un asalto meticuloso
que lleve esta sensación a sentirse en un momento.