noskrad
Poeta asiduo al portal
Cuando las golondrinas dejaron de volar,
las nubes no dejaron de llorar,
unas lágrimas agridulces,
que apagaron casi todas las luces.
La mirada profunda de exquisitas situaciones,
sobre una cama de girasoles,
nos deja pensando que es lo mejor para los corazones.
El dulce néctar de sus palabras,
el glorioso estado de éxtasis que en piedra se recalca,
cuanta pureza e integridad, cuanto calor y amistad,
superiores al poder divino, superiores a los deseos tuyos y míos.
Filantropía durante noche y día,
cuando el alma grita y nadie respira,
tejiendo un puente de ilusiones,
las mariposas danzan en el arcoiris sin complicaciones.
Como decirte tanto, como decirte cuanto te extraño,
no hay frases que puedan superar a los poetas extraños,
a todos esos que con alma y corazón te rinden tributo por años.
Y ahora que la conciencia me acompaña,
que la tristeza invade lo que queda de mi alma,
te dejo libre de mi cruz, te dejo libre de mi oscura luz,
para que puedas vivir en paz, para que puedas ser feliz con alguien más.
Escucho tu nombre en el viento,
me recuerda lo frágil que es el firmamento,
las malas decisiones que tomé de inmediato arrepentimiento,
sin perdón, nunca siendo yo Esperando que los dioses se apiaden de mis ruegos.
Tú eres el tesoro del cielo, mi musa querida, la que me inspira, la que me da vida,
rechacé una vez más la felicidad, por no apreciar tu majestuosidad,
no te manches con mi pecado, mantente libre y pura de este pobre diablo.
Y vinieron de pronto a mi mente,
como el despertar de un sueño,
mil mariposas volando,
a convencerme que es cierto
Pero tonto fui, una ilusión creí,
algo irreal, no me puede estar pasando a mí,
me hice una pregunta, ¿cómo eché a perder todo sin mesura?
caí en la trampa de siempre, o maldito demonio impaciente.
Perdóname por no saber callar,
por no saber que eres para mi lo esencial,
y hoy lloro si lloro, por dentro y por fuera,
al saber que dicté mi sentencia,
y que volví a dejar en el destino,
mi esperanza en frágiles ramas de olivo.
Y fue algún día, uno de tantos, en el que la felicidad no era un sueño,
no fue suficiente, verlo, sentirlo, creerlo,
no fue suficiente con mis manos tomarte, besarte y enamorarme.
Perdí el tesoro del cielo, no tengo perdón por eso.
Sólo pido un último deseo.
que el destino se apiade de mis ruegos Que pueda encontrar de nuevo a mi musa,
al tesoro que me dio vida, a la persona que me revivió con alegría,
el regalo de Dios que negué,
la oportunidad de ser feliz junto a la persona que más he de querer.
las nubes no dejaron de llorar,
unas lágrimas agridulces,
que apagaron casi todas las luces.
La mirada profunda de exquisitas situaciones,
sobre una cama de girasoles,
nos deja pensando que es lo mejor para los corazones.
El dulce néctar de sus palabras,
el glorioso estado de éxtasis que en piedra se recalca,
cuanta pureza e integridad, cuanto calor y amistad,
superiores al poder divino, superiores a los deseos tuyos y míos.
Filantropía durante noche y día,
cuando el alma grita y nadie respira,
tejiendo un puente de ilusiones,
las mariposas danzan en el arcoiris sin complicaciones.
Como decirte tanto, como decirte cuanto te extraño,
no hay frases que puedan superar a los poetas extraños,
a todos esos que con alma y corazón te rinden tributo por años.
Y ahora que la conciencia me acompaña,
que la tristeza invade lo que queda de mi alma,
te dejo libre de mi cruz, te dejo libre de mi oscura luz,
para que puedas vivir en paz, para que puedas ser feliz con alguien más.
Escucho tu nombre en el viento,
me recuerda lo frágil que es el firmamento,
las malas decisiones que tomé de inmediato arrepentimiento,
sin perdón, nunca siendo yo Esperando que los dioses se apiaden de mis ruegos.
Tú eres el tesoro del cielo, mi musa querida, la que me inspira, la que me da vida,
rechacé una vez más la felicidad, por no apreciar tu majestuosidad,
no te manches con mi pecado, mantente libre y pura de este pobre diablo.
Y vinieron de pronto a mi mente,
como el despertar de un sueño,
mil mariposas volando,
a convencerme que es cierto
Pero tonto fui, una ilusión creí,
algo irreal, no me puede estar pasando a mí,
me hice una pregunta, ¿cómo eché a perder todo sin mesura?
caí en la trampa de siempre, o maldito demonio impaciente.
Perdóname por no saber callar,
por no saber que eres para mi lo esencial,
y hoy lloro si lloro, por dentro y por fuera,
al saber que dicté mi sentencia,
y que volví a dejar en el destino,
mi esperanza en frágiles ramas de olivo.
Y fue algún día, uno de tantos, en el que la felicidad no era un sueño,
no fue suficiente, verlo, sentirlo, creerlo,
no fue suficiente con mis manos tomarte, besarte y enamorarme.
Perdí el tesoro del cielo, no tengo perdón por eso.
Sólo pido un último deseo.
que el destino se apiade de mis ruegos Que pueda encontrar de nuevo a mi musa,
al tesoro que me dio vida, a la persona que me revivió con alegría,
el regalo de Dios que negué,
la oportunidad de ser feliz junto a la persona que más he de querer.
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