Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escrito inspirado en la indigencia de tanta gente, que aún, mendigando, conserva rasgos de un pasado social “normal”. Lo cual, no quiere decir que no sean ellos mismos, los directos responsables de su precaria situación. Seres, demasiado ilusos, pienso. A los cuales, sin darse cuenta y/o confiados en “el golpe de suerte” de sus quiméricos anhelos, “se les hizo la noche” coartándoles aún más la frugal media tarde de su “amor y paz”. Gente crédula y buena, seguramente. ¿Poetas...? Algunos. Gente, en definitiva.
¡Harta!
de verme jugar sedentaria y estúpidamente,
la VIDA, me recogió en su palma. ¡Caí en ella!
de espaldas. Pataleando inútilmente. Sin gritar,
claro.
Y aquí estoy;
entre sus dedos. ¡O garras! Se acabó mi tiempo
de triunfar, de reír sobrio, de soñar despierto.
Ahora, descanso mullidamente en mi vieja
y grata incertidumbre.
Vegeto...
casi sin memoria y con escaso discernimiento.
-Mis letárgicas condiciones de siempre.- Así,
confundí metas y valores; sociales y humanos.
En fin. “Principios”, desde el principio.
La VIDA,
me muestra ahora, tooodo lo que me perdí.
Trata de ese modo, de atormentar mi etérea
fracción de conciencia y, que esta, me recrimine
el supuesto desperdicio de ‘mis triunfos’.
Los cuales,
en algún lado, ¡me arden! Pero yo, -debido
a mi falta de memoria y magro discernimiento-
los olvido rápidamente. Es que nada me importa
ya, de mí. Ni a mí, ni a los demás. Lo se.
Y eso,
LA VIDA, pobre, parece no entenderlo. Pero,
cierta humanidad, ¡si! ¡Hey! ¡Señor...!
¡Una monedita! Para un sándwich. ¡Por favor!
¡Señora! con lo que pueda...
¡Muuuchas gracias! ¡Que linda va usted!
...
¡Harta!
de verme jugar sedentaria y estúpidamente,
la VIDA, me recogió en su palma. ¡Caí en ella!
de espaldas. Pataleando inútilmente. Sin gritar,
claro.
Y aquí estoy;
entre sus dedos. ¡O garras! Se acabó mi tiempo
de triunfar, de reír sobrio, de soñar despierto.
Ahora, descanso mullidamente en mi vieja
y grata incertidumbre.
Vegeto...
casi sin memoria y con escaso discernimiento.
-Mis letárgicas condiciones de siempre.- Así,
confundí metas y valores; sociales y humanos.
En fin. “Principios”, desde el principio.
La VIDA,
me muestra ahora, tooodo lo que me perdí.
Trata de ese modo, de atormentar mi etérea
fracción de conciencia y, que esta, me recrimine
el supuesto desperdicio de ‘mis triunfos’.
Los cuales,
en algún lado, ¡me arden! Pero yo, -debido
a mi falta de memoria y magro discernimiento-
los olvido rápidamente. Es que nada me importa
ya, de mí. Ni a mí, ni a los demás. Lo se.
Y eso,
LA VIDA, pobre, parece no entenderlo. Pero,
cierta humanidad, ¡si! ¡Hey! ¡Señor...!
¡Una monedita! Para un sándwich. ¡Por favor!
¡Señora! con lo que pueda...
¡Muuuchas gracias! ¡Que linda va usted!
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