Frangelo
Poeta recién llegado
En esta isla desierta
Antes ciudad compleja
Se atesoran sueños de primavera
Arena de alguna playa caribeña.
Nuestros ojos dibujan una cresta
Entre la espuma del océano
Y las nubes frescas.
La noche con su calor
Nos baña enteros, nos rellena de ardor
Entre palmeras de letras perfectas
Se escapó una bestia
Libre de sus rejas, asecha.
Tiene maracas en sus talones
Garras manchadas de eslabones
Deja huellas en la arena endurecida
Y tiene una causa comprometida.
Quebrantar y desgarrar
Máscaras de madera húmeda
Es el tigre caribeño
Que con paciencia y desdeño
Reposa entre frágiles sueños.
Mártir de este archipiélago
Cazador incesante
De ovejas que son murciélagos
Aduladores nocherniegos.
Poseemos la ceguera
Marcados por la histeria
Acercamos nuestras narices, unos a los otros
Soltamos nuestro aliento tosco.
Quizás merecemos
Este perseguidor sempiterno
Conciencia de lo eterno.
Que recuerde
Que cuando los hombres se crean de hierro
Cuando amenacen con fierros
Y vean la vida como un juego.
Cuando bañen de fuego
A ciudades empobrecidas del diezmo
Y bañen las aguas con su enchastre
Dejándolas negro azabache.
El tigre caribeño
Arrebatará sus sueños
Con la hoz de un agricultor puertorriqueño
Arrancará su porte sonrisueño.
Caerá su imperio de plastilina
Hecho con dinero de seda fina
Y fundido con el espesor de la explotación
Cubierto por las alas de su avión.
Porque el odio es de cartón
Húmedo hasta en el calor del sol
Despellejan almas mientras todo es tapado con un gol.
Pero la historia sabe
La memoria pesa entre las rayas de su grueso pelaje
Condena precisa con su fiel arbitraje
Atribuye de encarnada proscripción
A quién con su dedo tapa el sol.
Ahorca en brebajes
A quien del odio y la exclusión nace
Por más camuflado se encuentre
Entre discursos que yacen
En esta selva de disfraces.
Porque ella sabe que solo el más pérfido emperador
Es capaz de convertir
La exclusión en canción
Y el odio en nación.
Antes ciudad compleja
Se atesoran sueños de primavera
Arena de alguna playa caribeña.
Nuestros ojos dibujan una cresta
Entre la espuma del océano
Y las nubes frescas.
La noche con su calor
Nos baña enteros, nos rellena de ardor
Entre palmeras de letras perfectas
Se escapó una bestia
Libre de sus rejas, asecha.
Tiene maracas en sus talones
Garras manchadas de eslabones
Deja huellas en la arena endurecida
Y tiene una causa comprometida.
Quebrantar y desgarrar
Máscaras de madera húmeda
Es el tigre caribeño
Que con paciencia y desdeño
Reposa entre frágiles sueños.
Mártir de este archipiélago
Cazador incesante
De ovejas que son murciélagos
Aduladores nocherniegos.
Poseemos la ceguera
Marcados por la histeria
Acercamos nuestras narices, unos a los otros
Soltamos nuestro aliento tosco.
Quizás merecemos
Este perseguidor sempiterno
Conciencia de lo eterno.
Que recuerde
Que cuando los hombres se crean de hierro
Cuando amenacen con fierros
Y vean la vida como un juego.
Cuando bañen de fuego
A ciudades empobrecidas del diezmo
Y bañen las aguas con su enchastre
Dejándolas negro azabache.
El tigre caribeño
Arrebatará sus sueños
Con la hoz de un agricultor puertorriqueño
Arrancará su porte sonrisueño.
Caerá su imperio de plastilina
Hecho con dinero de seda fina
Y fundido con el espesor de la explotación
Cubierto por las alas de su avión.
Porque el odio es de cartón
Húmedo hasta en el calor del sol
Despellejan almas mientras todo es tapado con un gol.
Pero la historia sabe
La memoria pesa entre las rayas de su grueso pelaje
Condena precisa con su fiel arbitraje
Atribuye de encarnada proscripción
A quién con su dedo tapa el sol.
Ahorca en brebajes
A quien del odio y la exclusión nace
Por más camuflado se encuentre
Entre discursos que yacen
En esta selva de disfraces.
Porque ella sabe que solo el más pérfido emperador
Es capaz de convertir
La exclusión en canción
Y el odio en nación.