José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ese lugar emblema del placer,
la luz del sol abraza al tiempo,
sonríen los hombres, las mariposas sueñan,
y el ancla se introduce en su preciso paraíso,
es un cristal que fluye entre dos orillas.
Es un universo que nunca se encoge,
millones de manos rellenas de versos afloran
donde no se apagan las horas
se yerguen en sus alturas y descienden
ligeras como pájaro entre nubes.
Es hondura clara, la inocencia del velo
cuando escucha la grandeza del latido,
sus ojos cantan al pico del pájaro
con sus iris de porcelana clara.
Jardín en la esquina del Edén,
fuego sagrado que brilla al calor,
ensancha el umbral
de los sueños compartidos,
en el templo hecho idea.
Bajo el manto de ese valle íntimo
un trozo de quietud sumisa se alza,
un canto rendido al amor
que se posa en la espalda del vientre,
es un trino de nube surcando el cielo.
Refugio común que nunca olvida
de aquello que en su camino se traza,
auroras llenas de fontanas
con su penetrante voz
dan altos umbrales de dicha
a lo que siempre es consuelo.
En ese bullicio los pecados
cruzan sin peso ni ley
y la luz se multiplica en su libre brote
sin normas que aten su vuelo,
siguiendo el mandato de la conciencia
antes que a barreras hibernadas.
En las colinas arden sus espumas,
mansión donde la sombra con su flauta
declina las mejores notas.
Muertos los viejos códigos,
en un tiempo lleno de amor celeste,
el hombre se pierde buscando sentido
en arcanas leyes,
lo que el vuelo de la tórtola alcanza,
ya todo es sueño.
©José Valverde Yuste
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