José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fue en verano, al tocar la brisa,
el sol dormía sobre el agua yerta
y mis manos buscaban en el aire
un injerto de miel,
el habla de un río de muslos
con meandros suaves.
Me encontré con un tacto
en el roce más puro de la vida,
un trazo donde florece lo imaginario,
torneada sombra donde surgen
las crestas altas
cubriendo de sueños la luna.
El deseo se selló en el brote del alma,
en el núcleo interno del cosmos
que adora el silencio de la sed
y la pasión del rayo en su corta historia.
Estas ondas donde se curvaba el tiempo
en mirada de pájaro lacerada,
era una inclinación
en el canto del suspiro,
un sentido sueño en el sol
de la aurora.
Una pausa donde el tiempo
marcaba una hora
dibujando respuestas,
y el misterio de lo simple germinaba
en cantos de suspiros eternos,
donde pernoctaba la orfandad
del verbo no consagrado.
Este amor de reliquia
fue un hermoso crujido,
el murmullo del fragor
de la pasión que no quema
solo derrama el breve aliento
en el borde de la piel
donde la carne se viste.
©José Valverde Yuste
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