José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lentamente se viene la vida por el tejado
invitándome en ese instante
a emerger de mi escafandra.
Mortal desnudez del silencio que vivo
con una aurora manchada de sangre
y bordes, olor suave a carne
de piernas inmóviles como si rasgaras
y nada hallases.
Un despertar de jaurías con voces heladas
tejiendo el compás de mi corazón extendido
hacia donde la noche acaba de resucitar al día;
Me inclino ante el esperpento dolor del amanecer
que envuelve la sombra de tu olvido.
Pronto destensó su arco el sueño
desparramado en mi ventana,
una quimera inservible,
un argumento de papel arrugado,
donde muere el timbre de mis fríos hilos
aferrándose en silencio a cometas quebrados.
Ojos cerrados donde muere el timbre
de mis fracasos,
el arco de un sueño atrapado
en esta encrucijada de flechas
dirigidas a sombras
donde estalla lo inmóvil.
Ardiente brillo que quema el sentido,
las cicatrices flotan, líquidas y frías,
mientras la mente es un rayo voraz
que todo le espanta
ciego de sí en aquella luz
que se inclina desviada.
Esculpido en el aire el trino
con suavidad de algodón
se visten mis oídos
donde espero vivir palabras
que perfumen mi tiempo
antes de precipitarse
como espuma entre los dedos.
Hoy busco la sombra de los enamorados,
un mundo de estrellas sin luciérnagas,
se difuminaron los ayeres de mi pensamiento
y tu amor apagándose en el te quiero de mi herida.
El sueño desparramado en mi ventana,
es un argumento escrito en papel arrugado,,
un tiempo que se ahoga
en la bruma de una noche perdida.