José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te amé sin luz,
con inocentes mordazas en la mirada,
anudando el fuego a la felicidad,
con la pálida luna desnudando la flor
ante la imperfección de mis dedos.
Me abrazaste con ese aroma
que emanaba de tus labios
quemando el reposo de los sentidos,
con esos besos de piel,
ese jugo de caricia parecía hierba desnuda.
Fue hermosa esa libertad de piedra,
una pobre lengua de alba encendida
alumbraba ese prado lleno de inocencia,
lo más fulgente que pude percibir
en la luminosidad de tus fríos ojos
cuando se descomponían en rayos
sumergiendo la grácil orquídea de tu corazón
en la dulzura transparente de las palabras.
Fuimos el calor del poema desnudo,
lo frágil de las pasiones furtivas,
el temblor del golpe de un beso en los labios,
las notas sostenidas mientras caían las horas
sobre los charcos de lo apacible,
constriñendo la pequeña estrella
cuando el corazón se llenaba de aventura
entre paredes huecas.
El humo del amanecer se cruzó
con las hazañas de la piel,
con el asombro de la necesidad,
con la respiración desnuda de las sábanas.
Tembló el sueño despacio, prendido
de nuestros dos cuerpos.
Amanecí dormido entre impacientes escarchas
en la cicatriz privada de tu piel.
@José Valverde Yuste
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