Un día,
- ¡bendito sea
eternamente! -
tocaron mis dedos
su pelo.
Fue un instante
un roce
un sol brillante
un goce,
un suave brote
de anhelo.
Fue una lágrima
una brisa
un beso doble
una caricia,
un puro atisbo
de deseo.
Fue una risa
un verso pobre
una lluvia
un gesto noble,
un adiós
desde muy lejos.
No fue nada...
simplemente ...
fuego alado ...
sombra verde ...
Pero en mi corazón
sin suerte,
quedó grabado
indeleble,
el táctil perfume
perenne,
de su cabello
dorado.
- ¡bendito sea
eternamente! -
tocaron mis dedos
su pelo.
Fue un instante
un roce
un sol brillante
un goce,
un suave brote
de anhelo.
Fue una lágrima
una brisa
un beso doble
una caricia,
un puro atisbo
de deseo.
Fue una risa
un verso pobre
una lluvia
un gesto noble,
un adiós
desde muy lejos.
No fue nada...
simplemente ...
fuego alado ...
sombra verde ...
Pero en mi corazón
sin suerte,
quedó grabado
indeleble,
el táctil perfume
perenne,
de su cabello
dorado.
Última edición: