Lope
Poeta adicto al portal
Fue aquel día,
donde el amante
perdió su guía.
Fue aquel sueño distante,
el que viajo hacia la niebla fría
y se paró delante de la nostalgia.
Todo pasaba por su cadena de pensamientos,
el viajaba lejos, millas por cientos.
Rápido pasaba el tiempo, al igual que las villas,
el corazón latiendo y su alma de rodillas.
Detrás de él le seguía el temor,
que le acosaba y bailaba a zancadillas.
Esta obscura penumbra que sega el sol
y él que no se rinde ni chilla.
Lucha y corre como Forrest,
sin meta alguna.
Pues sus errores,
son de noche como luna.
Él siempre tan distante,
de toda la gente.
No sabe lo que hace,
sólo corre detrás de su sueño.
Pero no sabe que le hace daño
y el insomnio a su espalda renace.
El lado obscuro murió hace dos años
y él nació ya en trance.
No pudo ser lo que quiso ser,
pero al parecer lucho sin poder alguno.
Y sólo una mujer pudo ver
lo que no había podido ver en él ninguno.
Un arco iris color violeta,
inspiración digna de cualquier poeta.
Una esperanza en este planeta que mata
y la certeza de que no usa careta.
Iba él montado en bicicleta,
cuando la noche caía y gemían las gatas.
Iba cantando una canción muerta
y el sol perdió el control, cerró la puerta.
Sus ojos bailaron por última vez,
golpeo a un peatón y le pregunto, ¿qué no ves?.
Él callado empezó a llorar
y falleció al lado del mar.
Un percebe lo percibe,
el mar lo traga y lo vuelve invisible.
Transformado ya en molusco, se funde,
en el lecho marino... nadie lo alude.
Todos lo confunden.
donde el amante
perdió su guía.
Fue aquel sueño distante,
el que viajo hacia la niebla fría
y se paró delante de la nostalgia.
Todo pasaba por su cadena de pensamientos,
el viajaba lejos, millas por cientos.
Rápido pasaba el tiempo, al igual que las villas,
el corazón latiendo y su alma de rodillas.
Detrás de él le seguía el temor,
que le acosaba y bailaba a zancadillas.
Esta obscura penumbra que sega el sol
y él que no se rinde ni chilla.
Lucha y corre como Forrest,
sin meta alguna.
Pues sus errores,
son de noche como luna.
Él siempre tan distante,
de toda la gente.
No sabe lo que hace,
sólo corre detrás de su sueño.
Pero no sabe que le hace daño
y el insomnio a su espalda renace.
El lado obscuro murió hace dos años
y él nació ya en trance.
No pudo ser lo que quiso ser,
pero al parecer lucho sin poder alguno.
Y sólo una mujer pudo ver
lo que no había podido ver en él ninguno.
Un arco iris color violeta,
inspiración digna de cualquier poeta.
Una esperanza en este planeta que mata
y la certeza de que no usa careta.
Iba él montado en bicicleta,
cuando la noche caía y gemían las gatas.
Iba cantando una canción muerta
y el sol perdió el control, cerró la puerta.
Sus ojos bailaron por última vez,
golpeo a un peatón y le pregunto, ¿qué no ves?.
Él callado empezó a llorar
y falleció al lado del mar.
Un percebe lo percibe,
el mar lo traga y lo vuelve invisible.
Transformado ya en molusco, se funde,
en el lecho marino... nadie lo alude.
Todos lo confunden.
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