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Todos los días de enero

Alas de marioneta

Poeta asiduo al portal
Un UNO de copas en la baraja del destierro

de cuando cada DOS de enero recuerdo tu mirada,

TRES veces al día, desayuno, cena y almuerzo,

comiendo las sobras de hace CUATRO días, cuando todavía estabas.


Mil veces mirar el móvil, solo queda un CINCO por ciento,

SEIS mensajes más y seguro que se apaga

mi vida por un instante con SIETE puñaladas al recuerdo

de aquel día, cuando todos los días, a las OCHO me llamabas.


NUEVE menos cuarto, demasiado tarde para ser invierno,

DIEZ grados en la cocina y la chimenea todavía en llamas,

la pantalla que se enciende, fecha y hora, ONCE de enero,

han pasado DOCE días desde que se congeló mi cama.


Dónde estarás cuando sean TRECE y me muera de miedo

por si otra vez vuelve a ser martes como aquel CATORCE, cuando dije que te amaba,

escondido entre QUINCE rosas envueltas en un papel viejo

donde algún día DIECISÉIS estrofas no quisieron decir nada:

Una por ti, otra quizás, DIECISIETE sílabas más y un poema entero,

DIECIOCHO consonantes malheridas y una vocal que salió rana,

DIECINUEVE puntos suspensivos suspendiendo el examen de lo que quiero

y VEINTE comas pisando el freno cuando mis sueños te besaban.

Pero sí, ya es VEINTIUNO, tres semanas ya viviendo en el infierno,

VEINTIDÓS noches mojando a gritos mi almohada

a VEINTITRÉS pasos de un balcón del que tantas veces he querido caer muerto.


VEINTICUATRO horas de cada día maldiciendo cada día que pasa,

VEINTICINCO minutos de vuelta y otra vez mirando al cielo,

buscando solo una, entre VEINTISÉIS estrellas que se ven desde mi casa,

sentado frente a la puerta, ¿recuerdas?, vivo en el VEINTISIETE de la calle del medio,

entre el banco de la esquina y los VEINTIOCHO gatos que viven en la plaza,

a sólo unos metros del súper y a VEINTINUEVE pasos de la parada del metro.


Tocan al timbre, he pedido comida. TREINTA minutos, nunca se retrasa.

Abro la puerta, es ella, creo que mis ojos están mirando hacia adentro,

no puedo creer que sea real, que otra vez esté en mi casa.

¿Puedo pasar?, cuando me fui olvidé una palabra tuya en mi monedero.

Me llevé puestas tus caricias, un trozo de ti y la luz de tu mirada,

un poema por escribir, un desayuno, una cena y un almuerzo,

el retrato que no nos hicimos en las excursiones hasta tu cama,

un gracias, un quererte y TREINTA Y UN amaneceres, con un café entre tus besos.​
 
Última edición:
Un UNO de copas en la baraja del destierro

de cuando cada DOS de enero recuerdo tu mirada,

TRES veces al día, desayuno, cena y almuerzo,

comiendo las sobras de hace CUATRO días, cuando todavía estabas.


Mil veces mirar el móvil, solo queda un CINCO por ciento,

SEIS mensajes más y seguro que se apaga

mi vida por un instante con SIETE puñaladas al recuerdo

de aquel día, cuando todos los días, a las OCHO me llamabas.


NUEVE menos cuarto, demasiado tarde para ser invierno,

DIEZ grados en la cocina y la chimenea todavía en llamas,

la pantalla que se enciende, fecha y hora, ONCE de enero,

han pasado DOCE días desde que se congeló mi cama.


Dónde estarás cuando sean TRECE y me muera de miedo

por si otra vez vuelve a ser martes como aquel CATORCE, cuando dije que te amaba,

escondido entre QUINCE rosas envueltas en un papel viejo

donde algún día escribí DIECISÉIS estrofas sin decir nada:

Una por ti, otra quizás, DIECISIETE sílabas más y un poema entero,

DIECIOCHO consonantes malheridas y una vocal que salió rana,

DIECINUEVE puntos suspensivos suspendiendo el examen de lo que quiero

y VEINTE comas pisando el freno cuando mis sueños te besaban.

Pero sí, ya es VEINTIUNO, tres semanas ya viviendo en el infierno,

VEINTIDÓS noches mojando a gritos mi almohada

a VEINTITRÉS pasos de un balcón del que tantas veces he querido caer muerto.


VEINTICUATRO horas de cada día maldiciendo cada día que pasa,

VEINTICINCO minutos de vuelta y otra vez mirando al cielo,

buscando solo una, entre VEINTISÉIS estrellas que se ven desde mi casa,

sentado frente a la puerta, ¿recuerdas?, vivo en el VEINTISIETE de la calle del medio,

entre el banco de la esquina y los VEINTIOCHO gatos que viven en la plaza,

a sólo unos metros del súper y a VEINTINUEVE pasos de la parada del metro.


Tocan al timbre, he pedido comida. TREINTA minutos, nunca se retrasa.

Abro la puerta, es ella, creo que mis ojos están mirando hacia adentro,

no puedo creer que sea real, que otra vez esté en mi casa.

¿Puedo pasar?, cuando me fui olvidé una palabra tuya en mi monedero.

Me llevé puestas tus caricias, un trozo de ti y la luz de tu mirada,

un poema por escribir, un desayuno, una cena y un almuerzo,

el retrato que no nos hicimos en las excursiones hasta tu cama,

un gracias, un quererte y TREINTA Y UN amaneceres, con un café entre tus besos.​
Un conteo especia para ver la realidad de esas esencias amorosas. todo esos dias
viviendo un crecer de sensaciones que son entrega al final de esos amaneceres
existidos. me ha gustado la originalidad de la obra. saludos amables de luzyabsenta.
¡FELIZ NAVIDAD!
 

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