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Todos los días de marzo

Alas de marioneta

Poeta asiduo al portal
Parece que fue ayer y ya, UNO de marzo. Aquí estoy, te espero

en las DOS plazas del sofá a que salgas de la cocina

con TRES tazas de café, un par de magdalenas, el azucarero

y CUATRO cucharas, por si de pronto queremos improvisar una batería.

Y cantar con los CINCO sentidos, cantar que para siempre nos querremos,

cerrar SEIS veces los ojos y al abrirlos ver que el mundo brilla.

tapar SIETE veces los oídos y escuchar el azul del cielo,

oler a primavera aunque fuera estén cayendo lágrimas frías.

Tocar OCHO veces las nubes sin que nos lo prohíba el techo

y saborear la mañana, que ya son las NUEVE y nos espera lo mejor del día.

Salir a la calle, llegar al trabajo a las DIEZ, desayunar juntos de lejos,

tú con la pantalla mirando de cerca y yo, con ONCE llamadas perdidas.

"Me quedé sin cobertura". DOCE pisos de ascensor, un descenso eterno,

tú esperándome en la puerta, "en el número TRECE te espero en la esquina".

Intento besarte, miras atrás, me acerco a CATORCE centímetros de tu pelo,

lo intento otra vez y entre tus QUINCE lunares descubro una sonrisa,

un sujetar los labios, DIECISÉIS latidos y ya no puedes retener el cuerpo.

Te acercas, me besas, "DIECISIETE minutos tarde", "la próxima, me olvidas"

DIECIOCHO pasos atrás para recuperar el paso de nuevo

y respirar hondo DIECINUEVE veces aver si se me olvidan

los VEINTE latidos de aguja de un corazón muerto de miedo

por si hoy, que es VEINTIUNO, me tocaba despedida.

Pero seguimos andando, me abrazas. En el VEINTIDÓS todavía sigue abierto

aquel pequeño bar de siempre, con VEINTITRÉS taburetes puestos en fila,

un ventanal a la calle, VEINTICUATRO luces colgando del cielo

y dos sillas para sentarnos. Ya van VEINTICINCO besos esperando la comida.

Camarero, ¿nos cobra?. VEINTISÉIS euros, algo de bote y salír casi corriendo,

que otra vez llego tarde y ya van VEINTISIETE desde que estoy en la oficina.

Por la calle de VEINTIOCHO pedidos, confirmados por correo,

un par de quejas, una reclamación, VEINTINUEVE clientes y alguna que otra cita

para el puesto de ayudante, hombre o mujer, más de TREINTA, estudios medios,

TREINTA Y UN meses de experiencia demostrada y disponibilidad indefinida.


Ojalá algún día pudiera ser ella quien ocupara ese puesto,

su ordenador conectado al mío, su mesa frente a la mía,

las ruedas de su silla volando cerca del suelo

y de pronto, cuando nadie nos viera, un beso sin mejilla.

una caricia de lejos, saludar al reloj, que ya es hora de recreo.

Un beso entre lavabos, escaleras abajo y de la mano, a plena luz del día

pisar los charcos aunque no llueva, que para ser niños nos sobra cielo,

para querernos nos basta alumbrar la calle cuando me miras

y para ser felices, un café. ¿Sólo?. No, contigo. El azúcar ya lo pondremos luego.​
 
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