Mientras las bombas matan sin clemancia
aquellos, que las lanzan,
proclaman su inocencia.
Los otros, asesinan en venganza,
y, a aquellos que las lanzan
acusan de su vil y atroz mataza.
Tú, exclamas, por rutina:
¡Malditas sean las guerras,
las bombas y las minas!
Yo, por rutina escribo;
que en la sangre la rima
halló siempre motivo.
Aquél, si le preguntan,
no sabe la respuesta,
y el otro, no contesta
al no entender de justas.
Los demás, se sienten realizados,
algo donando de lo que les sobra
a algún campo que habrá de refugiados.
El clero, clama al cielo;
no sé por qué lo hacen,
cuando el mal lo tenemos en el suelo...
Para la prensa,
la guerra es el "Plus Ultra"
los periódicos venden más que nunca.
La "tele" hace su agosto.
La radio agosto y mayo.
Y, de otros medios más sofisticados,
la guerra, de su ténica es ensayo.
El capital, como pez en el agua
se mueve entre las balas.
Y el mercenario,
que, emulando al justiciero Rambo,
musculoso y violento, tras de la gente mala
va, de su escaso intelecto haciendo gala.
¿Quién dijo que en la guerra no hay probecho...?
Qué haría el mundo si no, con tantas balas
y tanto militar de pelo en pecho?
No importa quién la empiece o quién la acabe.
Pues, siempre gente habrá que participe
y, en nombre de principios o ideales,
su barbarie comprenda y justifique.
Cualquier excusa vale
para encender la mecha,
y ya, abierta la brecha,
se entra y no se sale.
Así las guerras empiezan, y terminan
cebándose en dolor y sangre humana;
por más palabras necias que se digan,
o más repique sordo de campanas.
Los unos y los otros.
Los otros y los unos.
Los demás y nosotros.
Tú, yo, aquél y el otro.
Todos somos culpables
de lo que pasa en Kósovo, Colombia,
Venezuela, Ruanda Palestina, Afganistán o Chiapas.
¡Sí, por nuestra cobardía,
todos somos culpables
de todo cuanto pasa!
Recaredo.
aquellos, que las lanzan,
proclaman su inocencia.
Los otros, asesinan en venganza,
y, a aquellos que las lanzan
acusan de su vil y atroz mataza.
Tú, exclamas, por rutina:
¡Malditas sean las guerras,
las bombas y las minas!
Yo, por rutina escribo;
que en la sangre la rima
halló siempre motivo.
Aquél, si le preguntan,
no sabe la respuesta,
y el otro, no contesta
al no entender de justas.
Los demás, se sienten realizados,
algo donando de lo que les sobra
a algún campo que habrá de refugiados.
El clero, clama al cielo;
no sé por qué lo hacen,
cuando el mal lo tenemos en el suelo...
Para la prensa,
la guerra es el "Plus Ultra"
los periódicos venden más que nunca.
La "tele" hace su agosto.
La radio agosto y mayo.
Y, de otros medios más sofisticados,
la guerra, de su ténica es ensayo.
El capital, como pez en el agua
se mueve entre las balas.
Y el mercenario,
que, emulando al justiciero Rambo,
musculoso y violento, tras de la gente mala
va, de su escaso intelecto haciendo gala.
¿Quién dijo que en la guerra no hay probecho...?
Qué haría el mundo si no, con tantas balas
y tanto militar de pelo en pecho?
No importa quién la empiece o quién la acabe.
Pues, siempre gente habrá que participe
y, en nombre de principios o ideales,
su barbarie comprenda y justifique.
Cualquier excusa vale
para encender la mecha,
y ya, abierta la brecha,
se entra y no se sale.
Así las guerras empiezan, y terminan
cebándose en dolor y sangre humana;
por más palabras necias que se digan,
o más repique sordo de campanas.
Los unos y los otros.
Los otros y los unos.
Los demás y nosotros.
Tú, yo, aquél y el otro.
Todos somos culpables
de lo que pasa en Kósovo, Colombia,
Venezuela, Ruanda Palestina, Afganistán o Chiapas.
¡Sí, por nuestra cobardía,
todos somos culpables
de todo cuanto pasa!
Recaredo.