alejandreiro
Poeta asiduo al portal
La tarde se muere oceánica y yo me hago cielo.
Estoy gris y a punto de llover en ti,
a punto de morir en ti,
a punto de incrustar lo que me queda de sol,
en tu horizonte fagocitador.
La tarde se sigue muriendo,
trasformando, ensombreciendo.
Aun te espero y en la espera yo me muero,
me trasformo, me ensombrezco.
Aun te sientas, sirena de cera, en la roca más filosa,
me miras caprichosa y te haces carne, urgencia, tempestad y naufragio.
Yo,
asesino mis decisiones y anochezco, y no duermo,
y vuelvo, ya demente,
a peregrinar en las estrellas, a contarlas,
a gastarlas en ti,
a ser un topo albino, que perdió el olfato en tu cuello, en tu cuerpo y en tu ombligo.
Anochezco y el mar no es mío.
Anochezco sin madriguera, sin olfato, sombrio.
Anochezco y tengo frío.
Estoy gris y a punto de llover en ti,
a punto de morir en ti,
a punto de incrustar lo que me queda de sol,
en tu horizonte fagocitador.
La tarde se sigue muriendo,
trasformando, ensombreciendo.
Aun te espero y en la espera yo me muero,
me trasformo, me ensombrezco.
Aun te sientas, sirena de cera, en la roca más filosa,
me miras caprichosa y te haces carne, urgencia, tempestad y naufragio.
Yo,
asesino mis decisiones y anochezco, y no duermo,
y vuelvo, ya demente,
a peregrinar en las estrellas, a contarlas,
a gastarlas en ti,
a ser un topo albino, que perdió el olfato en tu cuello, en tu cuerpo y en tu ombligo.
Anochezco y el mar no es mío.
Anochezco sin madriguera, sin olfato, sombrio.
Anochezco y tengo frío.
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