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Topografía íntima de tu nombre

Tema en 'Poemas de Amor' comenzado por Jose Anibal Ortiz Lozada, 22 de Enero de 2026 a las 7:20 PM. Respuestas: 0 | Visitas: 17

  1. Jose Anibal Ortiz Lozada

    Jose Anibal Ortiz Lozada Poeta adicto al portal

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    6 de Mayo de 2024
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    Género:
    Hombre
    Tu cabeza
    es el inicio del mundo.
    Ahí donde el pensamiento se desnuda
    antes de volverse palabra.

    Tu pelo no cae:
    me ocurre.
    Es la noche aprendiendo a tocarme
    sin pedir permiso.

    Tu frente
    no piensa:
    recuerda.
    Es una casa vieja
    donde dejo mi cansancio
    y me quedo.

    Las cejas vigilan
    lo que no dices,
    y tus ojos…
    tus ojos no miran:
    desarman.
    En ellos he sido hombre,
    niño,
    y herida abierta
    sin reclamar nada.

    Tu nariz divide el aire
    para que yo pueda respirarte.
    Y tu boca—
    tu boca es un error delicioso.
    No promete.
    Cumple.
    Ahí he perdido palabras,
    dignidad,
    y el miedo a quedarme.

    El cuello…
    ese lugar donde el deseo se vuelve lento,
    donde la piel entiende
    que no todo debe ser inmediato.
    Ahí mi boca aprende
    a pedir perdón
    con la lengua.

    Tus hombros sostienen
    lo que no te dijeron
    que dolería.
    Yo los beso
    como quien pide permiso
    para quedarse a vivir.

    El pecho:
    territorio donde el amor
    deja de ser idea.
    No es pecho,
    es latido expuesto.
    Ahí mi oído aprende
    que amar
    también es escuchar el temblor.

    Tu vientre…
    ah, tu vientre.
    Centro del mundo.
    Lugar donde la noche
    se queda sin excusas.
    Es tierra caliente,
    es hambre,
    es memoria del fuego.

    Las caderas no mienten.
    Dicen sí
    antes que la boca.
    Son el vaivén exacto
    entre el pecado
    y la necesidad.
    No las recorro:
    me rindo.

    Los muslos sostienen
    el peso de mis ganas.
    Son columnas del deseo,
    camino largo
    donde el tiempo se quiebra
    y se queda mirando.

    Las rodillas saben
    lo que es caer
    sin fracasar.
    Han aprendido a doblarse
    sin romperse,
    como el amor verdadero.

    Las piernas
    me llevan
    hacia donde ya no pienso.
    Ríos largos
    que desembocan
    en el misterio de tu piel.

    Y tus pies…
    tus pies no caminan:
    afirman.
    Con ellos tocas la tierra
    para no desaparecer,
    para recordarme
    que incluso el deseo
    necesita raíces.

    Así te recorro.
    No con mapas,
    con hambre.
    No con prisa,
    con verdad.

    Porque amarte
    no es tocarte.
    Es quedarme
    cuando el cuerpo ya habló
    y el silencio
    todavía quiere más.
     
    #1
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