Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Lo que traen los roces y caricias
que rompen con la estética
de nuestros ideales, amor mío.
Cómo olvidan las bocas
y que pronto se abstienen.
Cuando empecé a besar tu piel,
en cada surco hundía mis recuerdos...
Porque tarde o temprano, los cobardes
nos sumimos en lo superficial.
No te culpo de cuerpo para adentro,
la memoria es selecta, o eso dicen.
Y puede que funcione,
o tal vez que fulmine la verdad.
Profundizo en silencio,
apagando las llamas de los ídolos.
Tal vez si recupero mis endiosamientos,
las estatuas se ahuequen,
y el macizo crepúsculo se desnude,
como estrella de sombras.
Lo reconozco, hacer de ti un invento,
será lo que jamás se lleve el viento.
No quiero ya tenerte entre mis manos,
ni imprimirle tu huella a mis poemas.
Sin embargo, el camino se bifurca,
la poesía se encoge,
y qué me queda a mí sino retórica.
Jamás me alcanza el tiempo
para esconder que nunca amé de un modo estándar.