Odisea
Poeta recién llegado
Una quietud que contaba lágrimas de oro,
posaba sincera esperando el erebo,
detrás de los ojos universales,
danzaban constelaciones
pérdidas por un niño,
que olvido reir.
La ilusión de mis huesos,
anhelada valentía,
que nutre raudamente
los confines de mi sombra.
Una quietud profana,
se introdujo en mi oído,
recitando flores enfermas,
avivando la llama
que en certeza de la dicha
la vida es en esencia,
el alma en movimiento.
posaba sincera esperando el erebo,
detrás de los ojos universales,
danzaban constelaciones
pérdidas por un niño,
que olvido reir.
La ilusión de mis huesos,
anhelada valentía,
que nutre raudamente
los confines de mi sombra.
Una quietud profana,
se introdujo en mi oído,
recitando flores enfermas,
avivando la llama
que en certeza de la dicha
la vida es en esencia,
el alma en movimiento.