Cuando respiraba afrodisíaco ese dragón
esperándose a si mismo
y el vaho de la palabra
era rompiente carnaval contigo
Pamplona recibía con portales de exuberancias
y saciedades de frutos gigantes
con esos rincones que se distraían como quilates
con sus rotaciones emplumadas
y arrebatos de jazmines
de sus manos
bouquet de esencias del encanto
más adentro de las calles
ese querer para diluirnos
en un tiempo larguísimo y minucioso
tras otro último cigarrillo con los parranderos.
esperándose a si mismo
y el vaho de la palabra
era rompiente carnaval contigo
Pamplona recibía con portales de exuberancias
y saciedades de frutos gigantes
con esos rincones que se distraían como quilates
con sus rotaciones emplumadas
y arrebatos de jazmines
de sus manos
bouquet de esencias del encanto
más adentro de las calles
ese querer para diluirnos
en un tiempo larguísimo y minucioso
tras otro último cigarrillo con los parranderos.