daniel amaya
Poeta fiel al portal
Si pudiera hacer eterna la acuarela,
el trazo, la forma y el movimiento,
el aroma de la calma ardiente
en el beso profundo de muerte,
el temblor de los terrenos
al tacto de los pecados intensos,
en la creación se admira la trascendencia
de las orugas,
¿por qué no hacerlo eterno?
El horizonte oscurece en silencio,
las luciérnagas parecen desaparecidos
visitando habitaciones en los sueños,
las llamas del cielo se avivan
y de poco pincelan el firmamento de ti.
Si pudiera tocar la cálida laguna
con mis dedos sedientos,
y sumergirme en el frío profundo
de tus tinieblas ocultas,
en un mundo que no reconozco,
tan sólo, así la tristeza se oscila
sobre las hojas amarillentas,
ante el aura que invade el regocijo
de los mundos que despiertan,
a veces el tiempo no entiende
de inmortalidad cuando nuestros
caminos se enlazan.
Antes de amarte la lluvia
bosquejó misterio en la bruma,
en el silencio que nadie ausculta,
en tus ojos de noche profunda,
en las ramas del bosque oscuro
que perfilan tu rostro penetrante;
tal vez el tiempo no entiende de inmortalidad…
el trazo, la forma y el movimiento,
el aroma de la calma ardiente
en el beso profundo de muerte,
el temblor de los terrenos
al tacto de los pecados intensos,
en la creación se admira la trascendencia
de las orugas,
¿por qué no hacerlo eterno?
El horizonte oscurece en silencio,
las luciérnagas parecen desaparecidos
visitando habitaciones en los sueños,
las llamas del cielo se avivan
y de poco pincelan el firmamento de ti.
Si pudiera tocar la cálida laguna
con mis dedos sedientos,
y sumergirme en el frío profundo
de tus tinieblas ocultas,
en un mundo que no reconozco,
tan sólo, así la tristeza se oscila
sobre las hojas amarillentas,
ante el aura que invade el regocijo
de los mundos que despiertan,
a veces el tiempo no entiende
de inmortalidad cuando nuestros
caminos se enlazan.
Antes de amarte la lluvia
bosquejó misterio en la bruma,
en el silencio que nadie ausculta,
en tus ojos de noche profunda,
en las ramas del bosque oscuro
que perfilan tu rostro penetrante;
tal vez el tiempo no entiende de inmortalidad…