Tratado de tristeza nº6

Halloran

Poeta asiduo al portal
TRATADO DE TRISTEZA Nº6

“No tuve elección”, decía.
Y, al mismo tiempo,
reconocía que nadie, nunca,
le puso una pistola en el pecho.

“No tuve elección”. Y, con aquella voz
entrecortada por el llanto,
trataba de explicarse
a sí mismo
lo ocurrido.

Pero no podía: algo sólo se explica
si tiene una razón
y no hay razón alguna
al no tener elección.

“No tuve elección”. Y ya, en el llanto,
“no pude sino hacerlo”.
Llora, realmente, de impotencia,
no de arrepentimiento:
para arrepentirse debe haber
algún error cometido.
Y no se cometen errores
sin elección.

“No tuve elección”. Y argumentaba:
“no pudo ser culpa mía”.
Y acertaba, pues nadie es culpable ni hay culpa
si no hay elección.

“No tuve elección”. Y el silencio:
solitario vacío del silencio
del que está solo.
Únicamente la respiración
entrecortada por el llanto
lo rompe. Y le rompe.
Le rompe en dos,
le parte por la mitad
porque su mitad no está, se ha ido.
Para siempre.
¿Cuánto tiempo es “siempre”?

“No tuve elección. ¿Por qué lo hice?”
Y la respuesta es la nada,
de nuevo el silencio,
el infinito abismo del vacío,
la negritud de la negra noche
que se ha desplomado sobre sus días.

“No tuve elección, no pude sino hacerlo,
no pude sino amarla...
Y no me siento culpable.
Pero,
ella,
¿por qué sí pudo elegir?”​
 
No se elige amar, el amor lo elige a uno y no puede forzarse, si se ama...se ama y si no hay que buscar otra elección.


De nuevo Maestría, qué digo de nuevo? siempre Maestría

Un besazo
 

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