Cristina Prieto Díaz
Poeta recién llegado
Después de un largo viaje en un tren llamado al infierno, después de estar sentada en el interior de aquel vagón con adornos victorianos me dormí entre la penumbra de unos túneles que atravesaban los anchos Urales...oscuridad y bruma, niebla y luces pendulares vi en un sueño de púrpura violeta de la tapicería sobre la que descansaba, con alumbrado de velas, la luz fantasmal del revisor y sus labios lilaceos y pupilas blancas, perfecto pulso y helada carne de sus dedos al rozarse con los míos. Seguía dormitando pero me pedía el ticket y yo no sabía bien entre sonambulismo dónde estaba, ni yo ni mi ticket. Así me echaron del tren caótico y fui a parar a una estación ruinosa allí con el guarda hablé, un hombre al que sacaba yo una cabeza de altura, barrigudo y con la barba blanca, desaliñada bastante larga; el abandonado hombrecillo parecía más mendigo que guardia. Fue él quien me indicó la dirección hacia el monasterio próximo sin duda mi dirección al fin y al cabo, yo buscaba unas vacaciones de retiro algo austero...era todo un misterio.