ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el último vagón del tren nocturno
que no acerca sino que trae lejanías,
confundido entre sombras que bailan a la luna
titila la luz. La marcha pareja y regular
no impide el empañarse de los vidrios
y en un asiento trasero sentada sola
viaja muda esa mujer imperturbable.
Está el habitáculo desierto y frio,
ningún otro pasajero en el lugar
mientras es el movimiento cadencioso
y adormece monótono el rodar.
Al mismo tiempo en la estación casi vacía
bajo un farol rodeado de noche y de silencio,
amparo perfecto para la acechanza y el misterio
la joven madre con dos niños y sus juegos
que los llevan muy cerca de la línea del andén.
Atrás quedaron en la casa los gritos destemplados
de un hombre violento machista y golpeador,
la circunstancia originaria de la fuga
y el instante de partir y huir sin esperar.
Presas posibles de bandidos de lo oscuro
o del perseguidor que creyeron quedó atrás,
como del pavoroso accidente lamentable
o quién sabe de que otra desgracia más,
esperan que el convoy providencial
los ayude a apartarse de ese último lugar.
No saben que viene ciego el maquinista,
no saben que la dama arribará,
no conocen ni intuyen el presagio,
nada saben de la ilustre pasajera
que hoy en viaje de trabajo viene y va...
que no acerca sino que trae lejanías,
confundido entre sombras que bailan a la luna
titila la luz. La marcha pareja y regular
no impide el empañarse de los vidrios
y en un asiento trasero sentada sola
viaja muda esa mujer imperturbable.
Está el habitáculo desierto y frio,
ningún otro pasajero en el lugar
mientras es el movimiento cadencioso
y adormece monótono el rodar.
Al mismo tiempo en la estación casi vacía
bajo un farol rodeado de noche y de silencio,
amparo perfecto para la acechanza y el misterio
la joven madre con dos niños y sus juegos
que los llevan muy cerca de la línea del andén.
Atrás quedaron en la casa los gritos destemplados
de un hombre violento machista y golpeador,
la circunstancia originaria de la fuga
y el instante de partir y huir sin esperar.
Presas posibles de bandidos de lo oscuro
o del perseguidor que creyeron quedó atrás,
como del pavoroso accidente lamentable
o quién sabe de que otra desgracia más,
esperan que el convoy providencial
los ayude a apartarse de ese último lugar.
No saben que viene ciego el maquinista,
no saben que la dama arribará,
no conocen ni intuyen el presagio,
nada saben de la ilustre pasajera
que hoy en viaje de trabajo viene y va...
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