Facundo Díaz
Poeta recién llegado
En el primero se me caía el pelo;
supuse, al despertar, que sería
provocado por el miedo a la vejez.
En el segundo se me caían los dientes;
en este vi un símbolo
del miedo a la enfermedad.
El tercero fue el más raro:
se me caía un brazo,
yo lo levantaba del suelo
y lo llevaba conmigo sin entender.
Desperté intrigado:
¿a qué tanta pérdida?
Quizá es porque vivo
en una casa que se derrumba
y no puedo arreglarla,
quizá porque pronto emprenderé un viaje
sólo de ida
y temo dejar atrás algo de mí,
quizá por los amigos perdidos,
porque la distancia es un desmembramiento,
porque la soledad es un despiece.
Sin pelos,
sin dientes,
y con desapego en las extremidades,
estoy perdiendo partes,
desmontándome,
menguando,
apagándome,
tan callando.
Facundo Díaz; Tan callando.
supuse, al despertar, que sería
provocado por el miedo a la vejez.
En el segundo se me caían los dientes;
en este vi un símbolo
del miedo a la enfermedad.
El tercero fue el más raro:
se me caía un brazo,
yo lo levantaba del suelo
y lo llevaba conmigo sin entender.
Desperté intrigado:
¿a qué tanta pérdida?
Quizá es porque vivo
en una casa que se derrumba
y no puedo arreglarla,
quizá porque pronto emprenderé un viaje
sólo de ida
y temo dejar atrás algo de mí,
quizá por los amigos perdidos,
porque la distancia es un desmembramiento,
porque la soledad es un despiece.
Sin pelos,
sin dientes,
y con desapego en las extremidades,
estoy perdiendo partes,
desmontándome,
menguando,
apagándome,
tan callando.
Facundo Díaz; Tan callando.