Último Poeta Maldito
Poeta asiduo al portal
​Deja el viento su brisa cálida,
moviendo ramajes y cielos.
Ha llegado el helado tiempo
de aquellos romances ardientes;
ya retoña el vástago tierno,
con verdor endeble y alegre.
La tierra disfruta el invierno;
el ave busca el seno caliente,
para el polluelo de alas pálidas;
y el polvo se junta a los suelos.
Deja el viento su brisa cálida,
moviendo ramajes y cielos.
Se desprende espeso y brumoso,
del cielo, el envolvente frío.
Y en la pasión, nosotros solos:
¡Oh, dulce amada ni el invierno
puede enfriar vuestro calor!...
La natura os envuelve mágica
y a mí, tu avasallante olor.
Las aves vuelan intentando
borrar la bruma; el sol dorado
lucha por penetrar las nubes;
tú me besas despacio y loca;
y con el hálito helado
la noche, altiva y clara,sube
por montañas, altos y bajos,
por este cielo que desluce
de brillo, adornos y halagos,
que refleja el sereno río.
Se desprende espeso y brumoso,
del cielo, el envolvente frío.
El invierno va en un gris coche
halado por los torbellinos.
Misterio entre nieblas del bosque
consiguen perder los caminos
Miamada se abraza a mi pecho;
la floresta promueve ruidos;
rosas de cera y cristal brillan;
un rubor recorre en asecho
Surge un idilio en miel y besos,
en caricias tenues, en versos
sutiles de amor y ternura,
suspiro que atrapa en locura
mientras el frío sigue espeso;
aves cantan canoros trinos;
la invernal capa mueve su peso
y cae el rocío cetrino.
El invierno va en un gris coche
halado por los torbellinos.
En las sendas frescas de amor
cayó el rocío del invierno.
La bruma deja su labor
En la pasión del frío tiempo
mi amada, gentil y lozana,
como pura y bella Diana,
desboca hacia mí su templo
celestial y cautivador,
se asemeja a la primavera,
de hermosas rosas, de pétalos
divinos, de celeste ardor.
Las hierbas tiernas han crecido,
como el frío, desde el solsticio,
el nacer del amor ardiente
El invernáculo que es lírico
en Elieth, mi amor invernal,
mi dulce savia de jazmín,
doncella venusta y altiva,
pálida lis de mi jardín,
difusa pasión que cautiva,
inocencia de la estación,
sino una ninfa, su avatar,
que en vuestra boca, la canción,
no es más que su dulce besar
En el viento va un tieso coro,
que al compás suena como fierro,
o, como el resollar de un toro;
el calor va rondando el cuello
en un sueño de sacuanjoche;
las hojas producen rondallas
al salir albas de la noche,
como unas doradas rocallas,
que brillan en un negro coche
Y en las mejillas el rubor,
que causa el helado bosque;
mi amada me abriga con calor
de su desnudo puro y tierno.
En las sendas frescas de amor
cayó el rocío de invierno.
moviendo ramajes y cielos.
Ha llegado el helado tiempo
de aquellos romances ardientes;
ya retoña el vástago tierno,
con verdor endeble y alegre.
La tierra disfruta el invierno;
el ave busca el seno caliente,
para el polluelo de alas pálidas;
y el polvo se junta a los suelos.
Deja el viento su brisa cálida,
moviendo ramajes y cielos.
Se desprende espeso y brumoso,
del cielo, el envolvente frío.
Y en la pasión, nosotros solos:
¡Oh, dulce amada ni el invierno
puede enfriar vuestro calor!...
La natura os envuelve mágica
y a mí, tu avasallante olor.
Las aves vuelan intentando
borrar la bruma; el sol dorado
lucha por penetrar las nubes;
tú me besas despacio y loca;
y con el hálito helado
la noche, altiva y clara,sube
por montañas, altos y bajos,
por este cielo que desluce
de brillo, adornos y halagos,
que refleja el sereno río.
Se desprende espeso y brumoso,
del cielo, el envolvente frío.
El invierno va en un gris coche
halado por los torbellinos.
Misterio entre nieblas del bosque
consiguen perder los caminos
Miamada se abraza a mi pecho;
la floresta promueve ruidos;
rosas de cera y cristal brillan;
un rubor recorre en asecho
Surge un idilio en miel y besos,
en caricias tenues, en versos
sutiles de amor y ternura,
suspiro que atrapa en locura
mientras el frío sigue espeso;
aves cantan canoros trinos;
la invernal capa mueve su peso
y cae el rocío cetrino.
El invierno va en un gris coche
halado por los torbellinos.
En las sendas frescas de amor
cayó el rocío del invierno.
La bruma deja su labor
En la pasión del frío tiempo
mi amada, gentil y lozana,
como pura y bella Diana,
desboca hacia mí su templo
celestial y cautivador,
se asemeja a la primavera,
de hermosas rosas, de pétalos
divinos, de celeste ardor.
Las hierbas tiernas han crecido,
como el frío, desde el solsticio,
el nacer del amor ardiente
El invernáculo que es lírico
en Elieth, mi amor invernal,
mi dulce savia de jazmín,
doncella venusta y altiva,
pálida lis de mi jardín,
difusa pasión que cautiva,
inocencia de la estación,
sino una ninfa, su avatar,
que en vuestra boca, la canción,
no es más que su dulce besar
En el viento va un tieso coro,
que al compás suena como fierro,
o, como el resollar de un toro;
el calor va rondando el cuello
en un sueño de sacuanjoche;
las hojas producen rondallas
al salir albas de la noche,
como unas doradas rocallas,
que brillan en un negro coche
Y en las mejillas el rubor,
que causa el helado bosque;
mi amada me abriga con calor
de su desnudo puro y tierno.
En las sendas frescas de amor
cayó el rocío de invierno.