viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vuela su sueño y vela su suelo,
como dos clavos
a su pared de carne.
Cuando la trinidad
se vuelve madre,
esposa e hija.
Se hunde en la dicha
de ser tierra,
vino para su hambre,
hombre, al fin y al cabo,
sin la solución de su misterio.
Ave mujer, tu espejo varón
rinde su espada,
inmola su alma,
muere en tus muslos,
cuando la naturaleza le dice,
bajito, en el oído,
para que vino a este mundo.
Y regresa una lágrima
al desierto de su mejilla,
porque no hay tristeza más dulce
que un cuerpo entregado,
ni gesto más profundo
que morir para ser eterno.
Ave mujer, tu espejo varón
se ha quebrado,
fue a la guerra,
a lucir nuevas imágenes
de mujeres extrañas,
preñadas de extraños presagios
que al final se han cumplido
a las once en punto de la odisea.
Penélope se duerme, se perdona,
se adhiere prieta al recuerdo,
y sabe que volverá lejos de ser el mismo,
aunque ella jamás amó la realidad,
sólo velaba su suelo y volaba su sueño.
como dos clavos
a su pared de carne.
Cuando la trinidad
se vuelve madre,
esposa e hija.
Se hunde en la dicha
de ser tierra,
vino para su hambre,
hombre, al fin y al cabo,
sin la solución de su misterio.
Ave mujer, tu espejo varón
rinde su espada,
inmola su alma,
muere en tus muslos,
cuando la naturaleza le dice,
bajito, en el oído,
para que vino a este mundo.
Y regresa una lágrima
al desierto de su mejilla,
porque no hay tristeza más dulce
que un cuerpo entregado,
ni gesto más profundo
que morir para ser eterno.
Ave mujer, tu espejo varón
se ha quebrado,
fue a la guerra,
a lucir nuevas imágenes
de mujeres extrañas,
preñadas de extraños presagios
que al final se han cumplido
a las once en punto de la odisea.
Penélope se duerme, se perdona,
se adhiere prieta al recuerdo,
y sabe que volverá lejos de ser el mismo,
aunque ella jamás amó la realidad,
sólo velaba su suelo y volaba su sueño.