Triste es la lágrima que se le escapó al sol.

sergio Bermúdez

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Triste es la lágrima que se le escapó al sol,

así llegaron sus gotas hasta caer en el charco de mis lágrimas,

diciendo que los te amos son las palabras que se quedan en el corazón,

en las tristes velas de un cielo sin luz,

esas velas no encendían al sol

el sol caía desprotegido sin su alma,

las palabras quedaban desnudas en su palabra sin saber hasta donde lloraban mis lágrimas,

por donde se escapaba su ternura

hasta arder en mi alma,

así sus besos no eran frases,

sino que los tiempos caían entre su horizonte

para llenarse de tristeza

hasta que el sol lloró

aun más en sus cadenas

sus frases que eran la noche entera,

que los besos se guiaban para encontrar

la luz del beso en su arena,

así no sabía si su piel era ardiente

o liquida

en ese sol que se le escaparon todas sus lágrimas,

así no supo llevar el cielo a su cuerpo,

para empaparse de los paisajes paradisíacos de la naturaleza,

porque el sol no supo callar a su amargura,

así empezó la línea de un calvario que se quedó sin aroma,

se cayeron sus rayos en la costa de sus pecados,

el adiós de una voz

el último beso a un sueño de amor,

las palabras que yacían entre pisadas de dolor,

porque el mismo sol naufragó hasta hundirse en el mar,

las aguas fueron ardientes y curaron su alma

pero no su aventura

el cielo chocó contras las rocas

las lágrimas se convertían en llamas,

así hasta proclamar su último sueño

a su querida luna que no pudo conquistar

por no saber calentar el ardor de los besos,

donde no pudo con el olor tierno,

donde no supo que sus sueños

eran pesadillas en el horizonte

cruzado con los vientos,

era el último día del sol

el último día de nuestro amor,

hasta llegar a donde el color era la extinción,

así hasta picar su copla y arrebatar su amor

en la lucha de almas

en el adiós a una mirada,

en el templo donde se destruía su gloria

así terminó su lluvia en las palabras

que caían al infinito

para no volver con sus vidas

sino con sus espinas

esas que arañaban la luz

y la enterraban bajo su tragedia,

el adiós del sol

fue el eclipse de los llantos,

porque solo Dios supo de sus últimos pensamientos

de ver al sol caído entre el manto de fuego

en las lágrimas saladas de un último destino.

 

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