sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tristes palabras
se decían los años
que las miradas dormían
en sus ojos de lágrimas.
Tristes palabras
se decían los días
que hasta las semanas
se volvían a sus adiós
como campanas
que no tocaban su gloria
y así es como todo se hacía
para que no se volviera a ver al hablante alba.
Adiós del mundo
que no decían a los sueños
que era el verso
para saber dormir
y de ahí los mundos no eran letras
por ser de las oscuridades
que volvían sin ver las gotas de una mañana
de los versos
a las palabras
que no querían llegar a las sonrisas doradas.
Tristes palabras
que no sabían llegar a los corazones
porque de ellos ya eran la noche
y del día se evaporaban.
Triste era todo lo que sonaba
por no saber llegar a las orillas
que derretían los colores como pintura encantada.
Decir adiós
y no ver más la mañana de su sabor
porque de tanto querer decir
que el amor eran palabras
para poder llegar a las velas de las miradas
no se podían invocar al perdón
que sería el triste consejo
por no ser perdonado
como dos ojos sin metáforas
que nunca hablarían
hasta no ser más que silencio
que se acurrucaba sin las voces
que no harían llegar a las manos de estas débiles esperanzas.
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