Guillermo Jaimes
Poeta recién llegado
Silencio asesino
de capilla ardiente,
sin difunto, sin dolientes.
Ansias que se desvanecen
ante la helada ventisca
que desde el norte viene.
No hay cirios encendidos,
una oscuridad pesada recae
sobre los hombros débiles
de un ente mortecino...
En tiempos de jolgorio
la alegría se atrincheró
en el primer banco a la derecha,
en la soledad sepulcral de la ermita.
Espectros del ayer
hacen una cabalgata melancólica
por las paredes del recinto
haciendo escurrir lágrimas
de los ojos de un silente
espectador oscurecido.
Y el transcurrir del tiempo
lento y macabro,
desgarra y agrieta las pieles sensibles
que aún quedan del ayer...
de capilla ardiente,
sin difunto, sin dolientes.
Ansias que se desvanecen
ante la helada ventisca
que desde el norte viene.
No hay cirios encendidos,
una oscuridad pesada recae
sobre los hombros débiles
de un ente mortecino...
En tiempos de jolgorio
la alegría se atrincheró
en el primer banco a la derecha,
en la soledad sepulcral de la ermita.
Espectros del ayer
hacen una cabalgata melancólica
por las paredes del recinto
haciendo escurrir lágrimas
de los ojos de un silente
espectador oscurecido.
Y el transcurrir del tiempo
lento y macabro,
desgarra y agrieta las pieles sensibles
que aún quedan del ayer...
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